Argo fuck yourself! Argo (2012) de Ben Affleck.

 

Es muy fácil encontrar en la historia del cine a actores con talento, existe un sinfín de películas con un equipo artístico sin igual. Muchas veces esos actores se arriesgan a dar el gran paso y atravesar esa barrera invisible para situarse detrás de la cámara, en la mayoría de los casos, suele ser una decisión acertada. Puedo citar a muchos actores-directores con ingenio, por ejemplo: Orson Welles, Charles Chaplin, George Clooney o Ben Affleck; y en este último nos vamos a centrar, analizando su tercer largometraje Argo (2012).

Argo me gusta. Por su humor (espléndido tándem entre los personajes de Alan Arkin y John Goodman), por sus respetadas y claras referencias históricas (¿imparciales?), por su suspense (en escenas claramente identificables el film me agarró por el cuello y me postró ante su argumento), por su aparente objetividad (por una vez los Estados Unidos de América no eran los únicos buenos), por su subtexto familiar, por ser una historia basada en hechos reales, por su increíble diseño de producción, en pocas palabras, por Ben Affleck. Lo único que me chirría es que, hay una escena en la cinta donde aparece un elemento patriótico proestadounidense que me deja mal sabor de boca, creyendo (o obligándome a creer) que es algo impuesto por parte de producción, haré caso omiso a esto.

¿De qué va Argo? Pues bueno, tenemos un popurrí de cosas dispares que casan muy bien. Por un lado, tenemos la historia principal: la revolución iraní de 1979 asalta la embajada estadounidense en Teherán y mantiene como rehenes a los que estaban en su interior, salvo seis americanos que logran escaparse y refugiarse en el domicilio del embajador canadiense. Pero Affleck introduce otros universos ajenos a este, pero que curiosamente ese contraste pasa desapercibido; tenemos por un lado el Sol y el cine de las costas californianas, con una sutil pero cruda crítica a la industria hollywoodiense, camuflada bajo el humor de Arkins y Goodman. Tenemos también el universo familiar del protagonista Tony Mendez, que en verdad poco aporta a la historia, pero nos ayuda a entender mejor el personaje que encarna Ben Affleck. Y por último como no podría ser evitable, se muestra la imagen de occidente contra oriente, donde (obviamente, quien sino), occidente sale vencedor.

Quiero resaltar algo de esta cinta, y es su valor documental; bien es verdad que la historia no es al 100 % objetiva, pero intenta serlo. El film comienza con una narradora contándonos las últimas décadas de la historia política de Irán con ilustraciones explicativas de fondo, esto nos introduce de lleno en el argumento del film. A lo largo de la película vemos fotogramas, personajes y situaciones que volvemos a ver en forma de imágenes reales de archivo en los créditos. Y es aquí cuando nos damos cuenta de el gran trabajo del departamento de arte y de la fidelidad que tiene Argo con la historia real.

Investigando un poco sobre Argo encontré críticas hacia Affleck que iban en los dos sentidos, en general, la mayoría le elogiaba como director pero como actor todo lo contrario, no entiendo esto. Se decía que el personaje de Affleck era seco, apático e inexpresivo, pero yo creo que esto le va como un guante; y cuando ves el universo familiar del personaje (que muchos decían que sobraba) entiendes aún más este carácter. Affleck interpreta a la perfección a ese hombre cansado, triste, derrotado familiarmente, pero a la vez fuerte y tenaz, capaz de arriesgar su vida a cambio de salvar otras; insisto, no entiendo esas críticas injustamente planteadas. Sin salir de la paleta actoral, vuelvo a mencionar a Alan Arkins y John Goodman con su gran frase “Argo fuck yourself!”, que se llevan el premio a los mejores actores del film, su tándem es sencillamente… maravilloso.

Para ir cerrando, quiero hablarles del suspense Hitchcockiano presente en la última secuencia; en esta, todas las herramientas del cine trabajan mano a mano para crear escenas inolvidables, sobre todo el montaje y la cámara (Rodrigo Prieto, no podría ser otro, el maestro de la cámara inquieta). Esta técnicas te catapultan a la acción, estás con los personajes, vives su miedo, lo sientes, te late el corazón, sufres, estás incómodo pero a la vez a gusto por toda la adrenalina que fluye en tus venas, lo disfrutas… ¡qué bonito es el cine! Gracias a pequeñas cosas como esto, el cine es de las artes más bellas que ha creado el ser humano (siempre usado para bien, claro está), algo que entra en tu interior y te sacude. Gracias Ben.

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