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“Blade Runner 2049” (2017) de Denis Villeneuve

Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Cartel Blade Runner 2049

Treinta y cinco años tienen que pasar para que vuelva a las pantallas la magia de Blade Runner, film que cautivó a varias generaciones y que se espera lo mismo de su secuela; treinta años distan entre los días de los Nexus 6 y de K (o Joe para los amigos). En esta ocasión, el canadiense Denis Villeneuve toma las riendas e intenta seguir el camino que tomó Ridley Scott allá por el año 1982. Blade Runner 2049 es puro espectáculo, pura dinamita; un film para ser visto en un gran cine y con un buen equipo de sonido. Los nostálgicos de la precuela encontrarán su confort ya que con la lograda dirección de arte y fotografía, el espectador es un habitante más de la lúgubre Los Angeles del año 2049.

Hay un hecho que es inevitable y que constantemente genera la misma reacción. Siempre que llega una secuela tras muchos años (incluso décadas) el público que la recibe se encuentra dividido; la mayoría ahogados en la nostalgia casi siempre salen decepcionados ya que esperaban de la nueva entrega algo mejor, incluso si el film es brillante. Esto pasa ya que la continuación de la historia original no llega a tener el mismo impacto que la anterior – en la historia del cine encontramos muchos ejemplos, como Star Wars, El Padrino, El Hobbit (con las precuelas pasa lo mismo), etc. – porque no es “lo nuevo”. Esto genera una disyuntiva entre los realizadores: si la secuela es muy parecida a la anterior, no impresiona y aburre, y si es demasiado diferente el espectador se pierde y se encuentra con algo que no esperaba; esto obliga a los autores del film a encontrar el término medio, y no siempre es fácil.

Después de todo esto, he de decir que la cinta de Villeneuve se acerca mucho al punto medio, incluso puedo afirmar que alcanza tal cima. La atmósfera neo-noir y cyberpunk de Los Angeles del año 2019 es casi la misma que la del 2049: esa luz negra, esos neones, esa lluvia constante, ese humo casi masticable, esos coches voladores, esa sutil línea entre un replicante y un ser humano, una megaempresa y una sección especial de la policía (LAPD) dedicada a la extinción de dichos replicantes, los Blade Runner. El relevo generacional pasa de Rick Deckard (Harrison Ford) a K (Ryan Gosling); el segundo tan brillante como Ford.

En Blade Runner 2049 se lleva todo a otro nivel, ese mundo es más moderno y más decadente. Vemos ciertos elementos que nos recuerdan a nuestra realidad y que nos pueden dar hasta miedo; me refiero a la soledad de las personas y al sitio que ocupan las máquinas en nuestras vidas ¿os suena? Escribiendo esto me viene a la mente Her (2013) de Spike Jonze. Pero nada anda más alejado de nuestro mundo actual, las relaciones humanas dejan paso a supuestas máquinas que están fabricadas con el propósito de acercarnos más, ridícula paradoja.

Blade Runner 2049

Al igual que en la primera entrega vemos el lado más humano de la máquina: por muy “perfecta” que sea, aunque esté confeccionada para obedecer, siempre le queda esa “semilla”. Puedo afirmar que el tema principal de este film (no es ningún spoiler) es la búsqueda de uno mismo, la soledad, la obediencia, la decadencia, la supervivencia, la máquina y el secreto. Aquellas palabras que hemos escuchado en Blade Runner (la de 1982) quedarán grabadas en nuestra memoria para siempre: “He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”, y en este film de Villeneuve también escucharemos otras parecidas, en un momento inesperado.

Creo que pocas películas tienen un emplazamiento de producto (product placement) tan logrado como Blade Runner (ambas), ¿qué sería de este film sin esos carteles animados gigantescos? Marcas presentes en nuestra vida cotidiana encuentran su lugar en las cintas de Scott y Villeneuve, y no sólo eso, sino que potencian esa estética tan peculiar.

Hay un elemento muy interesante en la promoción de esta película, es el lanzamiento de tres cortometrajes que cuentan momentos clave entre la historia del primer film y el segundo, es decir, sucesos importantes que han tenido lugar entre 2019 y 2049. El primero de ellos transcurre en el año 2022 y es un corto de animación dirigido por Shinichiro Watanabe (Cowbow Bebop), y los otros dos en 2036 y 2048, ambos dirigidos por Luke Scott, hijo de Ridley Scott; estos tres mantienen la estética original del film, y merecen ser vistos. La pregunta es, ¿puedo visionar y entender Blade Runner 2049 sin haber visto estos cortos? la respuesta es, claro que sí, pero no está de más disfrutarlos, los tres están disponibles de forma legal en Youtube, de la mano de la distribuidora del film (los podéis encontrar al final de esta crítica).

Blade Runner 2049

El punto fuerte de esta película es la fotografía, y no es de extrañar ya que el cinematógrafo es el legendario Roger Deakins, además el tándem Villeneuve-Deakins funciona como un reloj suizo, han trabajado en el pasado en obras como Sicario (2015) o Prisioneros (2013). El concepto de la fotografía es espectáculo con ese toque Deakins: encuadres y luz muy cuidada. El sonido es otro elemento que está en el podio, te introduce en el film y se vale de la banda sonora, que aunque no llega al nivel de la composición original de Vangelis, sigue siendo una obra maestra.

En conclusión, cuando vayas a ver el film no te esperes nada, elimina de tu mente todo lo que acabas de leer y simplemente disfruta del show; busca la mejor sala (cuanto más grande mejor) de tu ciudad, siéntate en una butaca y admira esta obra de arte. Olvídate de la anterior película de 1982 y céntrate en Blade Runner 2049, seguramente volverás al cine para verla una segunda vez.

 

Viaje introspectivo a través del dolor.

Crítica cinematográfica del film documental “Alberto García-Alix. La línea de sombra” (2017) de Nicolás Combarro. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Alberto García-Alix. La línea de sombra. Nicolás Combarro.

“La línea de sombra” es el documental hecho obra de arte, documental que se beneficia de toda la artillería de la narrativa del cine de ficción; es un recorrido por la vida del reconocido fotógrafo español Alberto García-Alix. En primera persona, este nos cuenta desde cómo comenzó su interés por la fotografía hasta el presente, pasando por amores fugaces, fiestas, pérdidas de seres cercanos, épocas oscuras y épocas de prosperidad; un camino con más sombras que luces pero que nos muestra a un García-Alix fuerte y tenaz. Dirigido con maestría por el novel Nicolás Combarro, “La línea de sombra” es una viaje introspectivo a través del dolor (con algunos retazos de luz), donde al igual que sus fotografías, este documental es un paseo a través de la vida del fotógrafo español.

Esta obra bien puede ser considerada documental o video arte; la narración no se da de forma lineal, si no que vemos por un lado un encuentro cara a cara con Alix y por otro, le vemos en mitad de sesiones fotográficas en sitios tan remotos como Valparaíso. El cara a cara con Alix es duro, tanto como su voz o como el blanco y negro de sus fotografías; de su boca sale dolor, aún cuando evoca recuerdos agradables, estos yacen bajo la sombra de las drogas y una vida llevada al límite. “La línea de sombra” es también la voz de una generación, una generación que comenzó a germinar pocos años antes de la movida madrileña y que explosionó con la llegada de esta, una generación fiel a sus fuertes raíces que resiste el peso de las décadas.

Vemos a un Alix sincero, un Alix desnudo, un Alix herido. La fotografía se nos presenta como medio para atrapar el presente y conservarlo para la posteridad, como si fuera una cicatriz o un tatuaje. Alix nos mira a los ojos y nos cuenta que existen situaciones que son imposibles de fotografiar, pero que permanecen en la memoria con más fuerza que una fotografía. Todos tenemos limitaciones, y este es el suyo como fotógrafo.

García-Alix, tal y como se ha mencionado anteriormente, es un hombre fiel a sus raíces. Desde que comenzó su carrera hasta hoy en día sigue usando sus viejas cámaras analógicas, y tenemos ocasión de ver en este documental su método de trabajo. Cuando está con la cámara es un hombre que sabe lo que quiere, no descansa hasta alcanzar el resultado que desea. Pero también vemos fotos desenfocadas, movidas y mal compuestas, pero precisamente estás son las que mejor reflejan el estado de ánimo de este artista en el momento de tomar esa foto. Abundan los autorretratos, cada uno tan diferente del otro, por ejemplo: compartiendo una noche italiana con dos travestis, un paseo en moto, un Alix lleno de heridas tras una pelea con un grupo fascista o la fotografía de un preservativo usado. Todas estas imágenes están impregnadas de recuerdos y esto confirma el hecho de que la fotografía es el mejor medio para atrapar el presente y convertirlo en reminiscencia, Alberto García-Alix lo corrobora.

Alberto García-Alix. La línea de sombra. Nicolás Combarro.

Al principio de esta crítica se hizo alusión al buen uso de la narrativa del cine de ficción. La dirección de fotografía (Miguel Ángel Delgado) es simplemente maravillosa, no por el efecto que consigue, si no también porque se funde con el relato. Salvo una escena en un cuarto oscuro (mientras Alix revela unas fotografías) el resto del documental está en blanco y negro; un monocromo especial muy parecido al de las fotografías de García-Alix. También tenemos tomas aéreas y steady cam, técnicas más propias del cine que del documental. La mezcla de sonido (Pepe Pleguezuelos) y el montaje (Juan Ugarriza y Miguel Ángel Delgado) son otros dos aspectos a destacar.

Las motos, las chicas, las jeringuillas compartidas, las chupas de cuero, Madrid, las fiestas, los tejados de París, su vieja Leica, su cáncer en las cuerdas vocales, su hermano Willy, Curra, los apartamentos destartalados, su Hasselblad, las pensiones baratas con cuadros de caballos galopando, sus tatuajes, su tratamiento con interferon, sus largos paseos por París huyendo de los fantasmas, sus primeras pesetas ganadas gracias a la fotografía, Pekín, la movida madrileña y la ventana circular del tanatorio. Todo esto y más cabe en “La línea de sombra”.

El hombre semilla. Las mujeres al poder.

Crítica cinematográfica del film “Le semeur” (2017) de Marine Francen. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Cartel. Le semeur. Marine Francen

Cuando cualquier retazo de esperanza se desmorona, las medidas que hay que tomar son drásticas. Marine Francen se inicia en el mundo de la dirección cinematográfica con “Le semeur”, drama ambientado en la campiña francesa en una época donde Louis Napoleon Bonaparte se autoproclamó emperador de Francia. Todos los hombres del pueblo de Violette son llevados a la fuerza por el soberano, quedándose solas las mujeres. Éstas tras aguantar varios meses en este aislamiento siendo más que autosuficientes, sus deseos y necesidades más carnales y primarias comienzan a hacer mella, y esto les lleva a hacer una promesa colectiva muy peculiar.

“Le semeur” ópera prima de Marine Francen se estrena en el marco de “Nuev@s director@s” de la sexagésimo quinta edición del Festival de San Sebastián (2017). Francen ejerció en otras ocasiones como asistente de Michael Haneke y Olivier Assayas; y esta obra está basada en un relato corto titulado “L’homme semence” (El hombre semilla) escrita en 1919. Aunque haya dudas sobre su autoría, todos los dedos apuntan a Violette Ailhaud como autora del libro, y este es precisamente el nombre de la protagonista de nuestro film.

Tras la dura represión contra los republicanos, en este pueblo de montaña los relojes se paran; y esto da lugar para que Marine Francen nos hable de varios temas ocultos entre líneas. El que más destacaría es la autosuficiencia de las mujeres, que al estar sin hombres (recordemos que el film está ambientado en un medio rural durante la segunda mitad del siglo XIX.) el pueblo sigue su curso y la buena organización entre ellas permite que se realice la cosecha, que las actividades ganaderas continúen y que cualquier problema sea solucionado, como una fuga de agua en el granero tras una lluvia torrencial. Pero en esta sociedad matriarcal también cabe lugar la desesperación, las jóvenes doncellas en edad de casarse (y las casadas pero todavía jóvenes) comienzan a echar en falta la presencia de un hombre que satisfaga sus deseos sexuales, y en este clima de necesidad y añoranza, se hacen la promesa de que cualquier hombre que pase por el pueblo, aunque fuese sólo uno, sería compartido entre todas.

Aparece Jean y se desatan las pasiones. Violette que es la encargada de darle aposento y comida, acaba más cerca de él de lo que pensaba y aquella promesa entre chicas le lleva a nuestra protagonista a dar el paso que no quiere. También podemos constatar entre líneas otro tema que es la maduración, tras la presión que sufre Violette por parte de las otras chicas, ésta se ve obligada a sacrificarse, tomando decisiones que no quiere y negando ciertas cosas. Al final del film la Violette que vemos no es la misma que la del principio; trazándose así un arco de transformación del personaje, no es muy notorio, pero sí evidente.

Violette Ailhaud. Le semeur. Marine Francen

Otro aspecto destacable es la pasión por la lectura, bien que en todo el film los únicos que saben leer son Violette y Jean, Francen a la manera de François Truffaut, nos cita pasajes y nombres célebres de la literatura francesa, como bien pueden ser Victor Hugo o Voltaire. Para nuestros dos protagonistas la lectura es más que el simple hecho de leer, es una forma de evadirse. En “Le semeur” un tesoro y un libro están al mismo nivel, y para ello tenemos la figura del padre de Violette, aunque ausente en todo el film como lo son el resto de hombres de este pueblo de montaña. Entre líneas vemos también el alto grado de analfabetismo presente en el medio rural francés durante el siglo XIX.

A nivel técnico lo que más destaca (y de esto podemos darnos cuenta desde el primer fotograma) es la relación de aspecto, un 4/3 casi extinto en el cine actual. La fotografía es suave y algo dorada, aquellos fotogramas muestran sendos campos de trigo que nos recuerdan a algún cuadro de Van Gogh (como “Campo de trigo con segador a la salida del Sol” 1889).

El guión y el tema de la película son interesantes, pero uno se queda con la impresión de que se podía haber exprimido más estos elementos. “Le semeur” no es un film que destaque, pero tiene un potencial bastante grande, y quizás si se hubiese realizado de otra manera hubiésemos tenido una Ópera Prima del nivel de “Les 400 Coups”.

La casa del virrey, más allá de la historia

Crítica cinematográfica del film “El último virrey de la India” (2017) de Gurinder Chadha. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Foto de familia. El último virrey de la India.

Tenemos ante nosotros uno de esos films que no podemos borrar de nuestra mente, una de esas historias épicas contadas con maestría al estilo del cine clásico de la segunda mitad del siglo XX. Llega “El último virrey de la India” (Viceroy’s house) a nuestras salas de la mano de la británica de origen indio Gurinder Chadha, un drama con tinte histórico que deja un poco de espacio a la comedia y al buen humor. Un film con ambientación exótica, donde su contexto se desarrolla en los últimos días del imperio Británico en la India aunque la tesis del relato camina por otra parte.

En “El último virrey de la India” existe una visión particular sobre los sucesos que acompañaron la independencia de la India y la creación del estado de Pakistán en 1947. Esta cinta comienza con la cita: “La historia la escriben los vencedores”, y esto nos ayuda a entender cuál es el camino escogido por Chadha. Pero sería muy “simple” (concepto muy diferente de “sencillo”) y muy visto realizar una película que trate sobre la independencia de la India y los últimos días del imperio Británico en el Indostán. “El último virrey de la India” introduce una visión particular sobre el tema, y el punto de vista es más social que político; y no sólo es esto, sino que la directora se vale de las ventajas del lenguaje cinematográfico para sacarle más jugo a este relato, con varias tramas e historias que se desarrollan a la vez, punto fuerte de esta obra; al igual que guiños que nos recuerdan a fugaces romances silenciados por la historia. Vamos por partes.

Para cualquier persona que desconoce el contexto y las circunstancias que acompañaron la creación del estado de la India (digo “estado” porque como nación existe bien antes de la llegada de los británicos) y Pakistán, este film resulta una buena ocasión para estar al día. Pero dejando esto de lado, podemos apreciar el denominador común presente en casi todas las grandes decisiones políticas, que son los intereses económicos; las personas, sus sueños y sus lazos familiares y sentimentales quedan sepultados bajo el poder del dinero. Pero Chadha no quiere contarnos esto, porque esto es algo que todos conocemos; los que más sufren cuando importantes decisiones se toman arriba son los que están abajo, y la “Partición de la India” (o “Partición de la gente” como bien diría Gurinder) fue una decisión política que afectó a más de 15 millones de personas, fomentando el odio entre culturas hermanas y creando una de las crisis de refugiados más grande de la historia de la humanidad.

Crísis de refugiados. El último virrey de la India.

Y es aquí donde Chadha pone el foco, en el sufrimiento de la gente; lo muestra a nivel general, en el caos que se forma y los desplazamientos y separaciones que se dan lugar. Pero donde mejor lo vemos es en el amor imposible entre Jeet, un joven hindú, y Aalia una musulmana que se ve obligada a irse a Pakistán y casarse con un musulmán que ya no ama. Y este difícil romance es la carta que usa la directora para hacernos empatizar y entender el dolor que causó tal separación, que el “divide y vencerás” no siempre es la mejor solución.

A pesar de los hechos, esta no es una película que pretende desacreditar al imperio Británico – aunque sí muestra su nefasta administración en sus últimos días en la India, y se menciona que los tres siglos pasados en este país han hecho más daño que otra cosa – ni elogiar en exceso al pueblo indio (no, para esto existen otras películas), si no las consecuencias que sufren y gozan las personas cuando se toman grandes decisiones en un despacho, da igual del bando que sean.

Jeet y Aalia. El último virrey de la India.

En el plano técnico tenemos un film que no destaca en ningún aspecto en concreto. Una fotografía colorida con sabor hindú que se distingue por el uso inteligente del fotoquímico; “El último virrey de la India” ha sido rodada en película analógica (algo que cada vez vemos menos), en 35mm y a color en casi todo el relato, salvo “imágenes de archivo” que no son de archivo porque se rodaron específicamente para este film, en blanco y negro y a 16mm para dar ese look de noticiero informativo de la época. Un montaje normal y corriente, y una correcta banda sonora con sonidos nativos. A grosso modo, podemos afirmar que la parte técnica tiene un aspecto muy “académico”, sin grandes pretensiones narrativas especiales.

En definitiva, tenemos la suerte de detentar en nuestras salas un film hecho a la manera de las grandes epopeyas del cine de los 80, una perla que vemos muy de vez en cuando. Una cinta basada en hechos reales (con muchos aspectos dramatizados, por supuesto), una lección de historia y una llamada a la reflexión. “El último virrey de la India” es una apuesta acertada si uno desea ir al cine y sentirse involucrado en un gran momento de nuestra historia contemporánea, pintada con vivos colores que nos evocan a una India exótica pero a la vez cercana.

Fórmula para romper la rutina

Crítica cinematográfica del film “Asuntos de familia” (2016) de Maha Haj. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Llega a España un film poco usual. Una historia que se desarrolla al otro lado del Mediterráneo, concretamente entre Israel y Cisjordania. “Asuntos de
familia” (2016) llega a nuestras salas después de haber pasado por el Festival de Cannes, sección “Un certain regard” y el Seminci de Valladolid; una comedia con tono melodrámatico donde nos introduce en el universo personal de cada miembro de la familia protagonista, empatizando con cada uno de ellos, tanto que es imposible ser parcial cuando existe un conflicto familiar. “Personal Affairs” ópera prima de la israelo-palestina Maha Haj, es una obra que no profundiza en ningún tema transcendente; lo político, histórico y moral no es relevante, aunque sí se da alguna pincelada al respecto, hecho que es inevitable teniendo en cuenta la situación geográfica y política.

Podemos afirmar que el film trata sobre la ruptura de la rutina y la llegada de aire fresco. Aunque se trate de una misma familia la tenemos dividida en varios frentes: primero, los padres (los personajes Saleh y Nabila) viven una aburrida vida en Nazaret, con las misma historia y los mismos problemas día tras día; Tareq uno de los hijos, quiere seguir viviendo su vida de soltero y no desea comprometerse con nada ni nadie; Maisa, intenta una y otra vez atraer el interés y la atención de este último, aunque siempre en vano; Hisham el otro hijo, lleva una vida solitaria y fría en Suecia; Samar, la hermana de Tareq y Hisham, a punto de dar a luz, parece que es la cabeza pensante de la familia; George, su marido, con un golpe de suerte pasa de ser un simple mecánico de coches palestino a un actor de Hollywood, aunque él lo que anhela realmente es otra cosa mucho más sencilla; y por último la abuela, que tras perder la cabeza y tener diabetes, su único deseo es comer galletas dulces y apartar los muebles del salón para poder contemplar las baldosas del suelo. Mediante unos cuantos hechos desencadenantes que ocurren casi todos al mismo tiempo, la vida de cada miembro de esta familia israelo-palestina cambia casi por completo.

En este primer largometraje de Maha Haj todo sucede bajo un clima político algo tenso; no es un tema que se trate directa y abiertamente, no, pero está allí implícito. Encontramos momentos, muy escasos, donde se hace alusión a la situación política, hechos que pasan desapercibidos pero que si se les da una segunda lectura nos damos cuenta del conflicto entre Israel y Palestina. No estoy hablando de los famosos check-points y la presencia de agentes aduaneros, no, eso es demasiado evidente, estoy hablando de momentos como el siguiente. Hay una escena donde Samar y su marido están en una consulta ginecológica con motivo de una ecografía; George, nervioso y cual niño empieza a toquetearlo todo, se levanta y pasea por la consulta, admirando las fotografías que hay colgadas en la pared, se detiene en una donde sale el médico en un playa y le pregunta a este que dónde se sacó esa foto, y él le contesta que en el sur de España y George estupefacto le responde algo parecido a “¡Qué suerte, pudo conseguir un permiso para salir!”. Esto que puede parecer una conversación más dentro del film se traduce en las limitaciones que sufre un pueblo controlado por otro. Hasta la propia directora dijo en una entrevista respondiendo a la pregunta ¿Querías hacer una película política? “Metafóricamente hablando, sí. No tengo un enfoque directo. Juego con el contexto. De dónde vengo es imposible escapar de la política. Es una dura realidad que es descaradamente visible que te encuentras en cada esquina y en cada puesto de control. “

Desplazándonos a la parte estrictamente técnica y estética, el film destaca por una fotografía cuidada y nada efectista. Las luces duras apenas aparecen y los colores son suaves y poco contrastados, lo que nos ofrece una experiencia visual agradable; y los más importante de todo, es que la fotografía va de la mano con la narrativa. La banda sonora es otro elemento interesante, bien seleccionada, combina sonidos autóctonos y latinos lo que hace que “Asuntos de familia” sea aún más interesante.

En definitiva, “Omor shakhsiya” (título del film en árabe, literalmente significa “Asuntos personales”) nos acerca a una forma de hacer cine diferente pero que ha bebido mucho del séptimo arte europeo, vemos personajes con fondo y tratados con el savoir faire del viejo continente. Se nos abre ante nosotros un país con mucho potencial cinematográfico y que es la ventana de dos culturas muy diferentes entre sí pero terriblemente unidas. Asistimos a un film que nos quiere ofrecer una visión diferente de ese lugar, alejarse un poco del estereotipo israelo- palestino y demostrar al resto del mundo que, allí no es sólo represión y una existencia protagonizada por falta de libertades, sino que cada uno puede vivir feliz, con sus sueños, su familia, sus problemas y sus limitaciones, los hay quienes se conforman con esto, y los hay quienes prefieren irse a otro sitio mejor.

Fotografías inolvidables. Babel de Alejandro González Iñarritu.

Babel, niños marroquíes. Saâd Jebbour

Antes de que Alejandro González Iñárritu presentara Babel (2006) a las salas del mundo, ya gozaba de una notable fama (sobretodo con grandes películas como lo son Amores Perros y 21 gramos), pero con este film ya se proclamó como un sólido director dotado de un lenguaje y universo propio que lo hacen uno de los iconos del cine del siglo XXI, título que supo defender en sus siguientes largometrajes. Las tres obras antes mencionadas se suelen conocer bajo la Trilogía de la muerte o Trilogía del dolor, y tienen en común el hecho de que cuentan historias cruzadas, donde la vida de sus distintos personajes coinciden en un accidente.

Esta trilogía presenta films muy diferentes y a la vez muy parecidos. Los temas tratados son oscuros, fugitivos, con mucha sangre, dolor y muerte por medio; vidas que se ven arruinadas en un instante, la soledad del ser humano ante el tremendo hecho de vivir. Todo esto forma parte de la paleta de Iñárritu, aunque a veces peca de monotemático. Otro punto en común es el lenguaje, tres o cuatro historias diferentes, con personajes diferentes, pero que a raíz de un hecho accidental y sangriento sus vidas se ven involucradas y comienza la carrera contra el miedo y las fauces de la sociedad. Las tres realizadas con el mismo y eficaz equipo (muy inteligente en ese sentido Iñárritu): con el talentoso Guillermo Arriaga a la pluma, la música (siempre el punto fuerte de los films del autor mexicano, siempre acompañando y dotando de consistencia a la narrativa) de Gustavo Santaolalla, y el gran Rodrigo Prieto en la cinematografía (personalmente, me pega más el estilo Prieto que el Lubezki en el cine de Iñárritu);  y todo esto le da el sello tan particular que posee esta trilogía.

Ahora nos centramos más en Babel, ¿por qué Babel? ¿por qué este título? ¿de que nos habla realmente la película? A juzgar por el título y por la materia de la película, el tema es la comunicación, o mejor dicho la incomprensión. Viendo el nombre del film y que tiene tramas que se desarrollan en Marruecos, México, Estados Unidos y Japón, me creo que se llame Babel, pero tras visionar el largometraje no me quedo convencido, me chirría, no entiendo el por qué del título; es cierto que hay escenas en las que los personajes no se llegan a entender debido a falta de idioma en común, pero si existe la comunicación aunque sea en su forma más básica. También puede ser que la intención de Iñárritu no era la de mostrar esta incomunicación, sino el simple hecho de un mosaico de culturas e idiomas diferentes, puede ser, pero en mi opinión el film se merece otro título.

 Una de las cosas que más me fascina de este film es su narrativa, la gran destreza de Iñárritu a la hora de manejar y hacer a su favor la temporalidad y la espacialidad fragmentada; como une y aleja los relatos a la vez, ahora está demostrado de que si pero a ojos de un espectador que viese esta película en las salas por primera vez, sería fácil que se preguntase ¿pero este hombre sabría contar una historia sencilla en orden cronológico? Es bonita la conjunción entre países tan diferentes los unos de los otros como lo son Marruecos, México y Japón, es un mezcla perfecta de elementos dispares que no chirrían en absoluto entre sí. El relato fluye como arena bajando por una duna gracias a la sutileza y maestría de los montadores y la música de Santaolalla. La historia avanza, retrocede, cambia de continente, pero la narrativa queda intacta, el mensaje llega y el espectador no se distrae; este manejo de los elementos del lenguaje cinematográfico ¿no es digno de una gran cineasta?

Chieko, Babel. Saâd Jebbour

Dejé un camino abierto atrás que me gustaría concluir y hacerlo bien. Después de ver Babel me estuve preguntando, ¿de qué va realmente la película? ¿de qué nos habla Iñárritu? ¿cuál es la tesis? Mi conclusión es que, en un mundo globalizado e hipercomunicado (y cada vez más gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea, redes sociales, etc.) el ser humano no es capaz de entenderse del todo; esto lo vemos claramente cuando por ejemplo Richard (Brad Pitt) para a un conductor en mitad de la carretera para pedirle auxilio y este no le entiende, entre otros casos. En pocas palabras: la incomunicación en el mundo de la hipercomunicación.

Ahora centrémonos en aspectos más estéticos y directamente narrativos. Comienzo con la fotografía, soy un firme defensor de que el cine de Iñárritu es más cine cuando su cinematógrafo es Rodrigo Prieto, no es que Lubezki sea mal director de fotografía ni mucho menos (por algo se marcó un triplete con tres Oscars seguidos); sino que con Lubezki la imagen y la luz es sencillamente perfecta, parece más un espectáculo que un relato fílmico, sin embargo con Prieto la imagen se tiñe de un aspecto sucio, real, poético y totalmente acorde con la historia que se está narrando. El estilo documental y guerrillero de Prieto acompaña de manera maestra a las turbias y aceleradas historias de Iñárritu. No me imagino largometrajes como Amores Perros o Biutiful (una gran obra del cineasta mexicano, poco valorada, para mi una de sus mejores) con la perfección del estilo Lubezki. Vuelvo a insistir, nadie niega la grandeza del chivo, pero para este tipo de films la batuta la lleva Prieto.

Pitt & Blanchett, Babel. Saâd Jebbour

¿Y el montaje? ¿qué sería este film sin el montaje? Escenas y planos que se suceden con una precisión milimétrica, como si fuese un reloj suizo, haciendo que las agujas sigan su trayectoria formando parte del mismo sistema; y esto es Babel, tres historias que funcionan de forma paralela, sin que ninguna dañe a la otra y las tres formando parte de la misma película. Hay una pregunta que me repetí más de una vez y es: ¿qué hubiese sucedido si cada historia hubiese sido una película diferente contada de forma lineal? ¿funcionaría? Yo creo que sí, cada una de las tres posee un planteamiento, un nudo y un desenlace; es más, hasta el propio Iñárritu admitió que la producción fue como rodar tres películas diferentes. Hubiese funcionado, pero serían tres películas del montón (les salvaría el hecho del buen reparto artístico que poseen); pero juntas y montadas de la forma en la que están hechas cobran una magnitud titánica que las hace una de las grandes películas de comienzo de siglo. Mención especial a la música del argentino Gustavo Santaolalla, que acompaña a la historia con el ritmo que es debido, es una música atemporal y aespacial que encaja a la perfección con las diferentes culturas presentes en el film; cuando suena da igual que estemos en Marruecos o en México, parece un sonido de cualquier lugar del mundo, de cualquier dimensión temporal. Y no sobresale sólo en Babel, sino también en Biutiful o Amores perros por ejemplo.

Un aspecto que llama la atención es que vemos estrellas de la talla de Cate Blanchett, Brad Pitt o Gael García Bernal “maltratados” por unos personajes desafortunados (pero interpretados con grandeza), y otros actores menos conocidos como Rinko Kikuchi o Driss Roukhe (aunque este en Marruecos ya gozaba de una notable fama) sobresalen con maestría en sus papeles. Y ya para concluir, deciros que el film está plagado de momentos que parecen instantáneas fotográficas por su dureza y lo impactantes que son, se nos quedan grabadas en la memoria para siempre. Jamás olvidaremos el momento en que Amelia (Adriana Barraza) camina desesperadamente por el desierto con los dos niños, o cuando Chieko está sóla ante el silencio y las luces de la discoteca o cuando la familia marroquí veo como su hermano e hijo muere abatido bajo los tiros de la policía en mitad del polvo y el calor del árido desierto. Sin duda Iñárritu es el director de moda hoy en día, pero no fue un título caído del cielo, película tras película nos demuestra que posee un talento innato para grabar en los cerebros de todos los amantes del cine del mundo imágenes como si fueran fotografías, poesía, música para la eternidad. Y, ¿qué es el arte sino la capacidad de hacer perdurar la belleza hasta el fin de los tiempos?

 

La delgada línea entre el cielo y el infierno.

Un monument à Sardou. La familia Bélier (2014) de Eric Lartigau

Parece que está de moda, la nueva comedia francesa (más bien reciclada) inunda cada vez más las salas españolas y las del mundo, parece que el cine galo encontró la fórmula secreta para triunfar dentro y fuera de los límites de su frontera. Lo curioso es que muchos de estos films han hallado el término medio entre hacer un cine “interesante” y comercial a la vez. Sea como sea, el concepto de “comedia más vista en Francia” funciona de maravilla. La famille Bélier es una comedia de campiña con toques surrealistas sin grandes intenciones moralizantes ni filosóficas, entretiene, gusta, nos hace reír y hasta nos emociona. Un argumento original llevado bien a cabo, con subtextos y subtramas que enriquecen el lenguaje usado en esta cinta.

En casi toda familia llega el momento en que suena la campana de la emancipación (no necesariamente económica) de los hijos, muchas veces un drama para los padres. Es aún más drama cuando el hijo que se va es el único que no es sordomudo en la casa, hija en este caso. La familia Bélier está compuesta por Gigi (la madre), Rodolphe (el padre), Quentin (el hermano) y Paula (nuestra protagonista), que nació con el don de la voz divina; los Bélier a pesar de su minusvalía llevan adelante de forma ejemplar una granja lechera, vendiendo todos los días en el mercado del pueblo de Lassay-les-Châteaux leche y queso. El profesor del coro del instituto identifica en Paula un talento para el canto y le anima a participar en una prueba de acceso a una renombrada escuela en París. Para ella es el comienzo de un sueño, pero se ve frenada por su familia que no recibe esta noticia con buenos ojos; y es que claro, Paula es la que habla con los proveedores de la granja, la que habla con los clientes en el mercado y la que traduce las recomendaciones del médico, viendo esto entendemos en parte el rechazo del señor y la señora Bélier.

La famille Bélier es un film que nos habla mucho de la persecución de los sueños, la lucha, el no tirar la toalla, el seguir adelante con nuestros propósitos cueste lo que cueste. Este proceso lo narra muy bien Lartigau, porque en ese camino encontramos momentos de flaqueza, instantes en los que queremos abandonar, esto se muestra en esta cinta. En este proceso nos encontramos personajes arquetípicos, a parte de la susodicha, tenemos por una parte los que cortan las alas (los padres de ella) y por otra los que nos abren los ojos para poder ver ese sueño con más claridad (sobretodo el señor Thomasson y en segundo lugar Mathilde). En pocas palabras: la dificultad que puede sentir una persona al querer salir de un sistema en el que es una pieza muy importante.

Se hablan de otros temas en este film, sólo me limitaré a nombrarlos ya que han sido usados infinidad de veces en la historia del cine: el primer amor, el instituto con su típico baile de fin de curso (esta vez mostrado con la actuación final del coro), la familia, la amistad, la relación profesor-alumno, etcétera, etcétera, etcétera.

Quiero hablar un poco del carácter surrealista de este film. Ya de por sí, la familia Bélier en sí es surrealista, un hogar de cuatros donde tres son sordomudos y la que queda posee la capacidad que no tiene el resto pero multiplicada por tres, ya es delirante. El rechazo que le produce el alcalde del pueblo a Rodolphe Bélier (brillantemente interpretado por François Damiens) lleva a este a presentarse a la alcaldía, y lo más gracioso es que, en el cartel de la campaña electoral el eslogan es “Os escucho” (Je vous entend), el candidato es sordomudo. Otra escena surrealista es cuando el señor y la señora Bélier están en la consulta del médico: Gigi tiene su parte íntima infectada y el culpable es el señor Bélier que no usa la crema que le mandó el doctor para echarse en su miembro, el médico les dice que no pueden hacer el amor durante tres semanas (lo que dura el tratamiento para la infección de la señora Bélier), entonces surge un sentimiento de rechazo por parte de la pareja hacia la recomendación del doctor, todo esto con Paula en medio haciendo de intérprete… Una comedia interesante.

Subtextos. Seguro que se me escapa alguno. ¿Alguien notó la imagen de fuerza que se le da al concepto de “pueblo francés”? Pueblos con Lassay-les-Châteaux, fuertes y autosuficientes, con industria y política propia, con un buen sistema educacional y buena vida social. También se habla de la minusvalía, se les muestra iguales o aún más capaces que personas no minusválidas para conseguir todos sus retos, nadie les puede frenar. Otro subtexto, no sé si lo es plenamente o es un tema en toda regla, y es: el hecho de transmitir algo a los que no pueden sentirlo, y esto Lartigau lo muestra de forma maestra en dos escenas clave, a vosotros de identificarlas.

Y ya para cerrar, menciono al gran Michel Sardou donde el film le rinde un gran y precioso homenaje, y para ello la figura del profesor Thomasson es clave. Sencillamente me encanta la conjunción que existe entre el film y el cantante francés. Me dejo muchísimas cosas en el tintero ya que la cinta me da para escribir diez páginas más, pero con el propósito de no aburrir al lector cierro ya este texto con unas palabras del crítico de cine Javier Ocaña que escribió sobre esta misma película: “Una apuesta casi suicida que Lartigau soluciona con sencillez, simpatía, naturalidad, emoción, humor y humanismo, ayudado por unos magníficos intérpretes que hacen suyos unos personajes adorables, en sus virtudes y sus defectos.” Totalmente de acuerdo señor Ocaña.

¿Qué es ser un héroe?

Crítica cinematográfica del film “Le llamaban Jeeg Robot” (2015) de Gabriele Mainetti. Publicada en El Cine en la Sombra.

Esta es una gran pregunta que se plantea en algún momento de la película. Un héroe es… alguien dotado de un poder sobrenatural (o no) que se entrega a una buena causa, un héroe es… alguien que vive por y para los demás sin mirarse a sí mismo, un héroe es… alguien que hace el bien si esperar nada a cambio, y un largo etcétera más. Pues nuestro protagonista, Enzo Ceccotti, un ladrón de poca monta es la antítesis del héroe.

Lo chiamavano Jeeg Robot Still.

“Le llamaban Jeeg Robot” (2015) de Gabriele Mainetti posee todos los ingredientes para ser un relato interesante. Tenemos una princesa, un villano y un héroe; pero ninguno de ellos coincide con nuestro imaginario común y esto le da a este film italiano un motivo más para ir al cine a verlo. Bien es verdad que la estructura del guión y sus elementos narrativos no son ninguna novedad; posee una estructura en tres actos bien delimitados por sus puntos de giro, y unos personajes arquetípicos más que vistos a lo largo de la historia del cine. Pero lo dicho, todos estos elementos “tradicionales” vienen envueltos con un aire de frescura que le han brindado a este film el premio a Mejor Película en nuestro Festival de Sitges 2016 (Sección Órbita) y siete Premios Donatello, entre ellos mejor director novel, mejor actor y mejor actriz.

Yendo a elementos más técnicos, el film destaca por una estética tipo cómic (nos recuerda un poco a “Watchmen” (2009)), con una fotografía contrastada y un poco oscura. El sonido también merece una mención especial, ya que trabaja a favor de la narrativa y no sólo se conforma con ser efectista.

En definitiva, “Lo chiamavano Jeeg Robot” nos demuestra que el cine europeo es valiente (ya que este tipo de films era más feudo del imperio estadounidense) y capaz de adaptarse a los nuevos espectadores, sin dejar de lado algo donde ha sido siempre el rey, el relato; y Mainetti nos regala con esta cinta la posibilidad de reafirmarnos en esto, con perlas como un notorio arco de transformación del personaje principal.

La noche americana. El cinéfilo perfecto, el director perfecto.

Crítica cinematográfica del film “La noche americana” (1973) de François Truffaut.

Para muchos el cine es algo como inalcanzable, algo místico que sólo los grandes saben hacer; cuando vemos un film que nos gusta nos parece traído de otro planeta, y en cierta manera estamos en lo cierto. El icono de la Nouvelle Vague y uno de los directores franceses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX, François Truffaut, nos muestra las tripas del proceso creativo de un film; nos desvela que una película está creada por personas, humanos en todo el sentido de la palabra, gente que siente y padece, gente que a veces es triste y a veces feliz, a ratos afortunada y a ratos desafortunada; a los más soñadores nos hace aterrizar en la Tierra y ver el cine tal y como es. “La nuit américaine” (1973) de Truffaut no es más que una manifestación del amor que siente su director por el cine, una muestra más de que el parisino es el cinéfilo perfecto, el que se crió viendo cine y el que maduró y envejeció haciendo cine. Se declara el amor de este cineasta por esta manifestación artística y nos la hace sentir, viendo “La noche americana” amamos el cine casi de la misma manera que Truffaut lo ama.

La nuit américaine. François Truffaut.
Todo el equipo de Os presento a Pamela trabajando para una escena con muchos figurantes

En tono de comedia vemos en este film la historia del rodaje de la película ficticia “Je vous présente Pamela” (Os presento a Pamela), dirigida por el aclamado director Ferrand (interpretado por el propio Truffaut) famoso por su paciencia y su sordera; todo el equipo se encuentra en el célebre estudio de La Victorine (grandes cineastas realizaron parte de su obra en este sitio : Sacha Guitry, Jean Cocteau, George Cukor, Claude Chabrol, y por supuesto Truffaut entre otros), situado en la ciudad costera de Niza al sur de Francia. Durante el rodaje las relaciones amorosas y de odio que ocurren en el guión se mezclan con las que se dan entre los miembros del equipo técnico y artístico. Los baches no paran de llegar durante la producción: el actor Alexandre (Jean-Pierre Aumont) fallece casi al final del rodaje; el intérprete Alphonse (Jean-Pierre Léaud) decide abandonar al equipo porque se novia Liliane (Dani) le abandonó por el especialista; el rodaje tiene que acabarse en menos tiempo de lo previsto; parón eléctrico durante el revelado de la película con una escena en la que participaron muchos figurantes, por lo tanto hay que repetirla; etc. Pero aún así gracias al saber hacer de Ferrand, su paciencia y su capacidad de improvisación, el acorazado “Je vous présente Pamela” llega a buen puerto. En varios momentos del film oímos la voz de Truffaut a modo de narrador, contándonos lo que es ser director de cine, esta voz over nos recuerda más bien al comentario del director puesto como pista de audio en un DVD.

La nuit américaine. François Truffaut.
Y para finalizar bien, de izquierda a derecha: Joelle (ayudante de dirección), Ferrand (director), Walter (director de fotografía) y el operador de cámara.

En esta película Truffaut ahonda en el espíritu de casi todas las personas que trabajan en una producción cinematográfica, desde la maquilladora hasta la script, pasando por los actores, el productor y el director. Y sobre éste último es en el que Truffaut hace una gran labor divulgativa; sirviéndose de una mirada introspectiva para desvelar el verdadero espíritu de un director, teniendo de modelo a Ferrand, que podríamos definirle como el director perfecto, y seguramente el tipo de cineasta que Truffaut quisiera ser. Éste es alguien que escucha a todos: actores principales, atrezzistas, regidores, prensa, etc; en el film François define a un director como alguien al que no se le para de hacer preguntas, y que muchas veces conoce la respuesta y otras, profanando esa visión que tiene el público de un Director-Dios, desconoce la réplica. Ferrand buen director, pero un director como miedos (como cualquier otra persona), que sabe esconderlos para no desatar el caos dentro del equipo, pero que cada noche cuando duerme sueña con esas preguntas que todo el mundo le hace y con la dificultades que se presentan en el rodaje; hasta tiene un sueño recurrente de un niño en imágenes en blanco y negro, recordándonos un poco a “Los cuatrocientos golpes” (1959), de esto hablaremos más tarde. Con este cineasta diegético, tenemos plasmado en imágenes la figura del director perfecto según Truffaut, seguramente como querría verse a sí mismo. Ferrand se haya acompañado de su ayudante de dirección y mano derecha, Joelle, que gracias a su talento el rodaje se ha visto salvado en más de una ocasión. La que fue una diva en antaño y una de la actrices principales de “Je vous présente Pamela”, Severine (Valentina Cortese), presenta una adicción grave al alcohol que interfiere gravemente en su labor interpretativa y estado emocional; haciéndonos así un guiño a todas esas personas a las cuales el éxito les jugó una mala pasada.

A nivel técnico este film presenta una dificultad muy evidente: a la hora de realizarlo, se ha llevado a cabo dos rodajes, uno en la ficción y otro real. Esto implica una labor de dirección que no está al alcance de todos y también exige tener las ideas muy claras y saber lo que se quiere en cada momento; ya que coordinar un equipo tan grande, a nivel artístico (podemos considerar este film una película coral) y técnico, requiere mucho talento y una buena organización para evitar los mismos baches que vemos en la trama de “La nuit américaine”. Siguiendo en la línea técnica, vemos a nivel de montaje unos cortes que son usuales en el cine pero que se reiteran con frecuencia, como los fundidos a negro o los encadenados; también se ven otros procedimientos como las sobreimpresiones, que se dan cuando se muestra a Ferrand durmiendo.

La nuit américaine. François Truffaut.
Un fotograma de la escena del sueño de Ferrand, donde el niño roba fotocromos de Ciudadano Kane

Hay una cosa que me marcó mucho de esta obra, y son las referencias, el film está plagado de ellas, las vemos en todas partes. Vemos guiños dirigidos a Lubitsch, Buñuel, Ingmar Bergman, Godard, Hitchcock, Roberto Rossellini, Howard Hawks, Bresson, “El Padrino” de Francis Ford Coppola (casi recién estrenado por aquel entonces), Jean Vigo, Jean Cocteau, etc; esto es una manifestación muy evidente del amor puro que siente François Truffaut por el cine, un reflejo de esa infancia y adolescencia pasada en las salas de proyección. Existe hasta una autoreferencia, pero lo curioso es que es predicadora, en algún momento del film Ferrand dice : “Un día haré una película y la llamaré Las ensaladas del amor”; en 1978 sale la quinta y última entrega de la saga de Antoine Doinel: “L’amour en fuite” (“El amor en fuga”), donde el protagonista escribe un libro que se titula “Les salades de l’amour” (Las ensaladas del amor). Otra autoreferencia sería la del personaje Alphonse (interpretado por Jean-Pierre Léaud), cuyo nombre es el mismo que el del hijo del personaje Antoine Doinel (protagonista de cinco películas de François Truffaut). Y para cerrar el apartado de las referencias, aquí tenemos otro film donde se vuelve a hacer alusión a la infancia del director parisino, los sueños que atormentan a Ferrand (que antes hemos mencionado) nos muestran a un niño que se acerca en mitad de la noche a una sala de cine que está cerrada, éste con un bastón consigue acercar a través de las rejas una especia de soporte con ruedas lleno de fotocromos de la película “Ciudadano Kane”(1941) de Orson Welles, una figura claramente admirada por Truffaut; ésta es la forma que tiene él de compartir ese amor por el séptimo arte con nosotros los espectadores.

La nuit américaine. François Truffaut.

La nuit américaine. François Truffaut.

 

 

 

En estas dos imágenes vemos los dos falseamientos: el del balcón y el de la vela (ésta alumbra el rostro de Julie)

En “La nuit americaine” se muestra como se falsean muchos elementos durante el rodaje, pero que en las imágenes fílmicas aparece como real; esto se suma a lo que se dijo en el primer párrafo respecto a la desmitificación del cine. Algunas de las cosas que se ven son: una vela con un bombilla incrustada que ilumina al personaje de Julie Baker cuando la sujeta, pero que en cámara no se ve; hay una escena en la que Alphonse va caminando de frente mientras se hace un travelling, la cámara es arrastrada hacia atrás mientras éste camina hacia ella levantando los pies de tal forma
que evita tropezarse con las traviesas del raíl; también se nos muestra una falsa lluvia, que no es más que un tubo de metal con orificios que se coloca en la parte superior de los decorados y va
saliendo agua por los agujeros; al principio del tercer tercio del film se ve un falso balcón puesto en altura en el que sólo se ve la estructura de este, no existe una habitación detrás. De hecho, hasta el propio título del film alude a una técnica que falsea la realidad, el procedimiento de “la noche
americana” no es más que un filtro que se coloca en la parte delantera de la cámara y se subexpone la imagen (generalmente cerrando el diafragma), para simular la noche en un rodaje a plena luz del día. Todo esto que acabo de contar pone acento a esa verdad que muchos cineastas y cinéfilos nos cuesta admitir, el cine es una gran mentira, todo lo que vemos en las películas no es más que una recreación de la vida real y por lo tanto, es una mentira; hasta la imagen que vemos es falacia, ante nuestros ojos vemos movimiento, pero lo que en realidad contemplamos son imágenes estáticas puestas unas tras otras, y sucedidas a gran velocidad.

Casi al final del film, la voz en over de Truffaut nos deslumbra diciendo: “Desde que empecé a hacer cine, siempre temí a la muerte de un actor, al mismo tiempo que Alexandre, toda una época del cine desaparece, abandonaremos los estudios para rodar en las calles, sin estrellas y sin guión, no haremos más películas como “Os presento a Pamela” “. Esto es una alusión muy clara a la Nouvelle Vague (nueva ola) y una crítica al cine francés que se hacía antes de este, el cinéma de la qualité (el cine de la calidad). Tras esta declaración, Truffaut retrocede unos 15 años, cuando él y sus compañeros Godard y Chabrol entre otros, decidieron hacer un cine diferente, más personal, más humano, y más cercano a los espectadores.

A modo de conclusión, cito una vez más otro comentario que nos deja Truffaut en su voz en over, que parece más la voz de un Director-Dios (el cineasta que François le gustaría ser) que la de un narrador corriente : “El rodaje de un film se asemeja exactamente al trayecto de una diligencia en una película del lejano oeste, primero esperamos hacer un buen viaje, y después rápidamente nos preguntamos si llegaremos a nuestro destino”. Y esta es otra pincelada más de lo que es realmente ser un director de cine; viendo “La noche americana” conocemos el séptimo arte desde una perspectiva desmitificada, conocemos el cine tal y como es, algo mágico.