Etiqueta: critica

El hombre semilla. Las mujeres al poder.

Crítica cinematográfica del film “Le semeur” (2017) de Marine Francen. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Cartel. Le semeur. Marine Francen

Cuando cualquier retazo de esperanza se desmorona, las medidas que hay que tomar son drásticas. Marine Francen se inicia en el mundo de la dirección cinematográfica con “Le semeur”, drama ambientado en la campiña francesa en una época donde Louis Napoleon Bonaparte se autoproclamó emperador de Francia. Todos los hombres del pueblo de Violette son llevados a la fuerza por el soberano, quedándose solas las mujeres. Éstas tras aguantar varios meses en este aislamiento siendo más que autosuficientes, sus deseos y necesidades más carnales y primarias comienzan a hacer mella, y esto les lleva a hacer una promesa colectiva muy peculiar.

“Le semeur” ópera prima de Marine Francen se estrena en el marco de “Nuev@s director@s” de la sexagésimo quinta edición del Festival de San Sebastián (2017). Francen ejerció en otras ocasiones como asistente de Michael Haneke y Olivier Assayas; y esta obra está basada en un relato corto titulado “L’homme semence” (El hombre semilla) escrita en 1919. Aunque haya dudas sobre su autoría, todos los dedos apuntan a Violette Ailhaud como autora del libro, y este es precisamente el nombre de la protagonista de nuestro film.

Tras la dura represión contra los republicanos, en este pueblo de montaña los relojes se paran; y esto da lugar para que Marine Francen nos hable de varios temas ocultos entre líneas. El que más destacaría es la autosuficiencia de las mujeres, que al estar sin hombres (recordemos que el film está ambientado en un medio rural durante la segunda mitad del siglo XIX.) el pueblo sigue su curso y la buena organización entre ellas permite que se realice la cosecha, que las actividades ganaderas continúen y que cualquier problema sea solucionado, como una fuga de agua en el granero tras una lluvia torrencial. Pero en esta sociedad matriarcal también cabe lugar la desesperación, las jóvenes doncellas en edad de casarse (y las casadas pero todavía jóvenes) comienzan a echar en falta la presencia de un hombre que satisfaga sus deseos sexuales, y en este clima de necesidad y añoranza, se hacen la promesa de que cualquier hombre que pase por el pueblo, aunque fuese sólo uno, sería compartido entre todas.

Aparece Jean y se desatan las pasiones. Violette que es la encargada de darle aposento y comida, acaba más cerca de él de lo que pensaba y aquella promesa entre chicas le lleva a nuestra protagonista a dar el paso que no quiere. También podemos constatar entre líneas otro tema que es la maduración, tras la presión que sufre Violette por parte de las otras chicas, ésta se ve obligada a sacrificarse, tomando decisiones que no quiere y negando ciertas cosas. Al final del film la Violette que vemos no es la misma que la del principio; trazándose así un arco de transformación del personaje, no es muy notorio, pero sí evidente.

Violette Ailhaud. Le semeur. Marine Francen

Otro aspecto destacable es la pasión por la lectura, bien que en todo el film los únicos que saben leer son Violette y Jean, Francen a la manera de François Truffaut, nos cita pasajes y nombres célebres de la literatura francesa, como bien pueden ser Victor Hugo o Voltaire. Para nuestros dos protagonistas la lectura es más que el simple hecho de leer, es una forma de evadirse. En “Le semeur” un tesoro y un libro están al mismo nivel, y para ello tenemos la figura del padre de Violette, aunque ausente en todo el film como lo son el resto de hombres de este pueblo de montaña. Entre líneas vemos también el alto grado de analfabetismo presente en el medio rural francés durante el siglo XIX.

A nivel técnico lo que más destaca (y de esto podemos darnos cuenta desde el primer fotograma) es la relación de aspecto, un 4/3 casi extinto en el cine actual. La fotografía es suave y algo dorada, aquellos fotogramas muestran sendos campos de trigo que nos recuerdan a algún cuadro de Van Gogh (como “Campo de trigo con segador a la salida del Sol” 1889).

El guión y el tema de la película son interesantes, pero uno se queda con la impresión de que se podía haber exprimido más estos elementos. “Le semeur” no es un film que destaque, pero tiene un potencial bastante grande, y quizás si se hubiese realizado de otra manera hubiésemos tenido una Ópera Prima del nivel de “Les 400 Coups”.

La casa del virrey, más allá de la historia

Crítica cinematográfica del film “El último virrey de la India” (2017) de Gurinder Chadha. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Foto de familia. El último virrey de la India.

Tenemos ante nosotros uno de esos films que no podemos borrar de nuestra mente, una de esas historias épicas contadas con maestría al estilo del cine clásico de la segunda mitad del siglo XX. Llega “El último virrey de la India” (Viceroy’s house) a nuestras salas de la mano de la británica de origen indio Gurinder Chadha, un drama con tinte histórico que deja un poco de espacio a la comedia y al buen humor. Un film con ambientación exótica, donde su contexto se desarrolla en los últimos días del imperio Británico en la India aunque la tesis del relato camina por otra parte.

En “El último virrey de la India” existe una visión particular sobre los sucesos que acompañaron la independencia de la India y la creación del estado de Pakistán en 1947. Esta cinta comienza con la cita: “La historia la escriben los vencedores”, y esto nos ayuda a entender cuál es el camino escogido por Chadha. Pero sería muy “simple” (concepto muy diferente de “sencillo”) y muy visto realizar una película que trate sobre la independencia de la India y los últimos días del imperio Británico en el Indostán. “El último virrey de la India” introduce una visión particular sobre el tema, y el punto de vista es más social que político; y no sólo es esto, sino que la directora se vale de las ventajas del lenguaje cinematográfico para sacarle más jugo a este relato, con varias tramas e historias que se desarrollan a la vez, punto fuerte de esta obra; al igual que guiños que nos recuerdan a fugaces romances silenciados por la historia. Vamos por partes.

Para cualquier persona que desconoce el contexto y las circunstancias que acompañaron la creación del estado de la India (digo “estado” porque como nación existe bien antes de la llegada de los británicos) y Pakistán, este film resulta una buena ocasión para estar al día. Pero dejando esto de lado, podemos apreciar el denominador común presente en casi todas las grandes decisiones políticas, que son los intereses económicos; las personas, sus sueños y sus lazos familiares y sentimentales quedan sepultados bajo el poder del dinero. Pero Chadha no quiere contarnos esto, porque esto es algo que todos conocemos; los que más sufren cuando importantes decisiones se toman arriba son los que están abajo, y la “Partición de la India” (o “Partición de la gente” como bien diría Gurinder) fue una decisión política que afectó a más de 15 millones de personas, fomentando el odio entre culturas hermanas y creando una de las crisis de refugiados más grande de la historia de la humanidad.

Crísis de refugiados. El último virrey de la India.

Y es aquí donde Chadha pone el foco, en el sufrimiento de la gente; lo muestra a nivel general, en el caos que se forma y los desplazamientos y separaciones que se dan lugar. Pero donde mejor lo vemos es en el amor imposible entre Jeet, un joven hindú, y Aalia una musulmana que se ve obligada a irse a Pakistán y casarse con un musulmán que ya no ama. Y este difícil romance es la carta que usa la directora para hacernos empatizar y entender el dolor que causó tal separación, que el “divide y vencerás” no siempre es la mejor solución.

A pesar de los hechos, esta no es una película que pretende desacreditar al imperio Británico – aunque sí muestra su nefasta administración en sus últimos días en la India, y se menciona que los tres siglos pasados en este país han hecho más daño que otra cosa – ni elogiar en exceso al pueblo indio (no, para esto existen otras películas), si no las consecuencias que sufren y gozan las personas cuando se toman grandes decisiones en un despacho, da igual del bando que sean.

Jeet y Aalia. El último virrey de la India.

En el plano técnico tenemos un film que no destaca en ningún aspecto en concreto. Una fotografía colorida con sabor hindú que se distingue por el uso inteligente del fotoquímico; “El último virrey de la India” ha sido rodada en película analógica (algo que cada vez vemos menos), en 35mm y a color en casi todo el relato, salvo “imágenes de archivo” que no son de archivo porque se rodaron específicamente para este film, en blanco y negro y a 16mm para dar ese look de noticiero informativo de la época. Un montaje normal y corriente, y una correcta banda sonora con sonidos nativos. A grosso modo, podemos afirmar que la parte técnica tiene un aspecto muy “académico”, sin grandes pretensiones narrativas especiales.

En definitiva, tenemos la suerte de detentar en nuestras salas un film hecho a la manera de las grandes epopeyas del cine de los 80, una perla que vemos muy de vez en cuando. Una cinta basada en hechos reales (con muchos aspectos dramatizados, por supuesto), una lección de historia y una llamada a la reflexión. “El último virrey de la India” es una apuesta acertada si uno desea ir al cine y sentirse involucrado en un gran momento de nuestra historia contemporánea, pintada con vivos colores que nos evocan a una India exótica pero a la vez cercana.

Fórmula para romper la rutina

Crítica cinematográfica del film “Asuntos de familia” (2016) de Maha Haj. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Llega a España un film poco usual. Una historia que se desarrolla al otro lado del Mediterráneo, concretamente entre Israel y Cisjordania. “Asuntos de
familia” (2016) llega a nuestras salas después de haber pasado por el Festival de Cannes, sección “Un certain regard” y el Seminci de Valladolid; una comedia con tono melodrámatico donde nos introduce en el universo personal de cada miembro de la familia protagonista, empatizando con cada uno de ellos, tanto que es imposible ser parcial cuando existe un conflicto familiar. “Personal Affairs” ópera prima de la israelo-palestina Maha Haj, es una obra que no profundiza en ningún tema transcendente; lo político, histórico y moral no es relevante, aunque sí se da alguna pincelada al respecto, hecho que es inevitable teniendo en cuenta la situación geográfica y política.

Podemos afirmar que el film trata sobre la ruptura de la rutina y la llegada de aire fresco. Aunque se trate de una misma familia la tenemos dividida en varios frentes: primero, los padres (los personajes Saleh y Nabila) viven una aburrida vida en Nazaret, con las misma historia y los mismos problemas día tras día; Tareq uno de los hijos, quiere seguir viviendo su vida de soltero y no desea comprometerse con nada ni nadie; Maisa, intenta una y otra vez atraer el interés y la atención de este último, aunque siempre en vano; Hisham el otro hijo, lleva una vida solitaria y fría en Suecia; Samar, la hermana de Tareq y Hisham, a punto de dar a luz, parece que es la cabeza pensante de la familia; George, su marido, con un golpe de suerte pasa de ser un simple mecánico de coches palestino a un actor de Hollywood, aunque él lo que anhela realmente es otra cosa mucho más sencilla; y por último la abuela, que tras perder la cabeza y tener diabetes, su único deseo es comer galletas dulces y apartar los muebles del salón para poder contemplar las baldosas del suelo. Mediante unos cuantos hechos desencadenantes que ocurren casi todos al mismo tiempo, la vida de cada miembro de esta familia israelo-palestina cambia casi por completo.

En este primer largometraje de Maha Haj todo sucede bajo un clima político algo tenso; no es un tema que se trate directa y abiertamente, no, pero está allí implícito. Encontramos momentos, muy escasos, donde se hace alusión a la situación política, hechos que pasan desapercibidos pero que si se les da una segunda lectura nos damos cuenta del conflicto entre Israel y Palestina. No estoy hablando de los famosos check-points y la presencia de agentes aduaneros, no, eso es demasiado evidente, estoy hablando de momentos como el siguiente. Hay una escena donde Samar y su marido están en una consulta ginecológica con motivo de una ecografía; George, nervioso y cual niño empieza a toquetearlo todo, se levanta y pasea por la consulta, admirando las fotografías que hay colgadas en la pared, se detiene en una donde sale el médico en un playa y le pregunta a este que dónde se sacó esa foto, y él le contesta que en el sur de España y George estupefacto le responde algo parecido a “¡Qué suerte, pudo conseguir un permiso para salir!”. Esto que puede parecer una conversación más dentro del film se traduce en las limitaciones que sufre un pueblo controlado por otro. Hasta la propia directora dijo en una entrevista respondiendo a la pregunta ¿Querías hacer una película política? “Metafóricamente hablando, sí. No tengo un enfoque directo. Juego con el contexto. De dónde vengo es imposible escapar de la política. Es una dura realidad que es descaradamente visible que te encuentras en cada esquina y en cada puesto de control. “

Desplazándonos a la parte estrictamente técnica y estética, el film destaca por una fotografía cuidada y nada efectista. Las luces duras apenas aparecen y los colores son suaves y poco contrastados, lo que nos ofrece una experiencia visual agradable; y los más importante de todo, es que la fotografía va de la mano con la narrativa. La banda sonora es otro elemento interesante, bien seleccionada, combina sonidos autóctonos y latinos lo que hace que “Asuntos de familia” sea aún más interesante.

En definitiva, “Omor shakhsiya” (título del film en árabe, literalmente significa “Asuntos personales”) nos acerca a una forma de hacer cine diferente pero que ha bebido mucho del séptimo arte europeo, vemos personajes con fondo y tratados con el savoir faire del viejo continente. Se nos abre ante nosotros un país con mucho potencial cinematográfico y que es la ventana de dos culturas muy diferentes entre sí pero terriblemente unidas. Asistimos a un film que nos quiere ofrecer una visión diferente de ese lugar, alejarse un poco del estereotipo israelo- palestino y demostrar al resto del mundo que, allí no es sólo represión y una existencia protagonizada por falta de libertades, sino que cada uno puede vivir feliz, con sus sueños, su familia, sus problemas y sus limitaciones, los hay quienes se conforman con esto, y los hay quienes prefieren irse a otro sitio mejor.

Fotografías inolvidables. Babel de Alejandro González Iñarritu.

Babel, niños marroquíes. Saâd Jebbour

Antes de que Alejandro González Iñárritu presentara Babel (2006) a las salas del mundo, ya gozaba de una notable fama (sobretodo con grandes películas como lo son Amores Perros y 21 gramos), pero con este film ya se proclamó como un sólido director dotado de un lenguaje y universo propio que lo hacen uno de los iconos del cine del siglo XXI, título que supo defender en sus siguientes largometrajes. Las tres obras antes mencionadas se suelen conocer bajo la Trilogía de la muerte o Trilogía del dolor, y tienen en común el hecho de que cuentan historias cruzadas, donde la vida de sus distintos personajes coinciden en un accidente.

Esta trilogía presenta films muy diferentes y a la vez muy parecidos. Los temas tratados son oscuros, fugitivos, con mucha sangre, dolor y muerte por medio; vidas que se ven arruinadas en un instante, la soledad del ser humano ante el tremendo hecho de vivir. Todo esto forma parte de la paleta de Iñárritu, aunque a veces peca de monotemático. Otro punto en común es el lenguaje, tres o cuatro historias diferentes, con personajes diferentes, pero que a raíz de un hecho accidental y sangriento sus vidas se ven involucradas y comienza la carrera contra el miedo y las fauces de la sociedad. Las tres realizadas con el mismo y eficaz equipo (muy inteligente en ese sentido Iñárritu): con el talentoso Guillermo Arriaga a la pluma, la música (siempre el punto fuerte de los films del autor mexicano, siempre acompañando y dotando de consistencia a la narrativa) de Gustavo Santaolalla, y el gran Rodrigo Prieto en la cinematografía (personalmente, me pega más el estilo Prieto que el Lubezki en el cine de Iñárritu);  y todo esto le da el sello tan particular que posee esta trilogía.

Ahora nos centramos más en Babel, ¿por qué Babel? ¿por qué este título? ¿de que nos habla realmente la película? A juzgar por el título y por la materia de la película, el tema es la comunicación, o mejor dicho la incomprensión. Viendo el nombre del film y que tiene tramas que se desarrollan en Marruecos, México, Estados Unidos y Japón, me creo que se llame Babel, pero tras visionar el largometraje no me quedo convencido, me chirría, no entiendo el por qué del título; es cierto que hay escenas en las que los personajes no se llegan a entender debido a falta de idioma en común, pero si existe la comunicación aunque sea en su forma más básica. También puede ser que la intención de Iñárritu no era la de mostrar esta incomunicación, sino el simple hecho de un mosaico de culturas e idiomas diferentes, puede ser, pero en mi opinión el film se merece otro título.

 Una de las cosas que más me fascina de este film es su narrativa, la gran destreza de Iñárritu a la hora de manejar y hacer a su favor la temporalidad y la espacialidad fragmentada; como une y aleja los relatos a la vez, ahora está demostrado de que si pero a ojos de un espectador que viese esta película en las salas por primera vez, sería fácil que se preguntase ¿pero este hombre sabría contar una historia sencilla en orden cronológico? Es bonita la conjunción entre países tan diferentes los unos de los otros como lo son Marruecos, México y Japón, es un mezcla perfecta de elementos dispares que no chirrían en absoluto entre sí. El relato fluye como arena bajando por una duna gracias a la sutileza y maestría de los montadores y la música de Santaolalla. La historia avanza, retrocede, cambia de continente, pero la narrativa queda intacta, el mensaje llega y el espectador no se distrae; este manejo de los elementos del lenguaje cinematográfico ¿no es digno de una gran cineasta?

Chieko, Babel. Saâd Jebbour

Dejé un camino abierto atrás que me gustaría concluir y hacerlo bien. Después de ver Babel me estuve preguntando, ¿de qué va realmente la película? ¿de qué nos habla Iñárritu? ¿cuál es la tesis? Mi conclusión es que, en un mundo globalizado e hipercomunicado (y cada vez más gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea, redes sociales, etc.) el ser humano no es capaz de entenderse del todo; esto lo vemos claramente cuando por ejemplo Richard (Brad Pitt) para a un conductor en mitad de la carretera para pedirle auxilio y este no le entiende, entre otros casos. En pocas palabras: la incomunicación en el mundo de la hipercomunicación.

Ahora centrémonos en aspectos más estéticos y directamente narrativos. Comienzo con la fotografía, soy un firme defensor de que el cine de Iñárritu es más cine cuando su cinematógrafo es Rodrigo Prieto, no es que Lubezki sea mal director de fotografía ni mucho menos (por algo se marcó un triplete con tres Oscars seguidos); sino que con Lubezki la imagen y la luz es sencillamente perfecta, parece más un espectáculo que un relato fílmico, sin embargo con Prieto la imagen se tiñe de un aspecto sucio, real, poético y totalmente acorde con la historia que se está narrando. El estilo documental y guerrillero de Prieto acompaña de manera maestra a las turbias y aceleradas historias de Iñárritu. No me imagino largometrajes como Amores Perros o Biutiful (una gran obra del cineasta mexicano, poco valorada, para mi una de sus mejores) con la perfección del estilo Lubezki. Vuelvo a insistir, nadie niega la grandeza del chivo, pero para este tipo de films la batuta la lleva Prieto.

Pitt & Blanchett, Babel. Saâd Jebbour

¿Y el montaje? ¿qué sería este film sin el montaje? Escenas y planos que se suceden con una precisión milimétrica, como si fuese un reloj suizo, haciendo que las agujas sigan su trayectoria formando parte del mismo sistema; y esto es Babel, tres historias que funcionan de forma paralela, sin que ninguna dañe a la otra y las tres formando parte de la misma película. Hay una pregunta que me repetí más de una vez y es: ¿qué hubiese sucedido si cada historia hubiese sido una película diferente contada de forma lineal? ¿funcionaría? Yo creo que sí, cada una de las tres posee un planteamiento, un nudo y un desenlace; es más, hasta el propio Iñárritu admitió que la producción fue como rodar tres películas diferentes. Hubiese funcionado, pero serían tres películas del montón (les salvaría el hecho del buen reparto artístico que poseen); pero juntas y montadas de la forma en la que están hechas cobran una magnitud titánica que las hace una de las grandes películas de comienzo de siglo. Mención especial a la música del argentino Gustavo Santaolalla, que acompaña a la historia con el ritmo que es debido, es una música atemporal y aespacial que encaja a la perfección con las diferentes culturas presentes en el film; cuando suena da igual que estemos en Marruecos o en México, parece un sonido de cualquier lugar del mundo, de cualquier dimensión temporal. Y no sobresale sólo en Babel, sino también en Biutiful o Amores perros por ejemplo.

Un aspecto que llama la atención es que vemos estrellas de la talla de Cate Blanchett, Brad Pitt o Gael García Bernal “maltratados” por unos personajes desafortunados (pero interpretados con grandeza), y otros actores menos conocidos como Rinko Kikuchi o Driss Roukhe (aunque este en Marruecos ya gozaba de una notable fama) sobresalen con maestría en sus papeles. Y ya para concluir, deciros que el film está plagado de momentos que parecen instantáneas fotográficas por su dureza y lo impactantes que son, se nos quedan grabadas en la memoria para siempre. Jamás olvidaremos el momento en que Amelia (Adriana Barraza) camina desesperadamente por el desierto con los dos niños, o cuando Chieko está sóla ante el silencio y las luces de la discoteca o cuando la familia marroquí veo como su hermano e hijo muere abatido bajo los tiros de la policía en mitad del polvo y el calor del árido desierto. Sin duda Iñárritu es el director de moda hoy en día, pero no fue un título caído del cielo, película tras película nos demuestra que posee un talento innato para grabar en los cerebros de todos los amantes del cine del mundo imágenes como si fueran fotografías, poesía, música para la eternidad. Y, ¿qué es el arte sino la capacidad de hacer perdurar la belleza hasta el fin de los tiempos?

 

La delgada línea entre el cielo y el infierno.

Un monument à Sardou. La familia Bélier (2014) de Eric Lartigau

Parece que está de moda, la nueva comedia francesa (más bien reciclada) inunda cada vez más las salas españolas y las del mundo, parece que el cine galo encontró la fórmula secreta para triunfar dentro y fuera de los límites de su frontera. Lo curioso es que muchos de estos films han hallado el término medio entre hacer un cine “interesante” y comercial a la vez. Sea como sea, el concepto de “comedia más vista en Francia” funciona de maravilla. La famille Bélier es una comedia de campiña con toques surrealistas sin grandes intenciones moralizantes ni filosóficas, entretiene, gusta, nos hace reír y hasta nos emociona. Un argumento original llevado bien a cabo, con subtextos y subtramas que enriquecen el lenguaje usado en esta cinta.

En casi toda familia llega el momento en que suena la campana de la emancipación (no necesariamente económica) de los hijos, muchas veces un drama para los padres. Es aún más drama cuando el hijo que se va es el único que no es sordomudo en la casa, hija en este caso. La familia Bélier está compuesta por Gigi (la madre), Rodolphe (el padre), Quentin (el hermano) y Paula (nuestra protagonista), que nació con el don de la voz divina; los Bélier a pesar de su minusvalía llevan adelante de forma ejemplar una granja lechera, vendiendo todos los días en el mercado del pueblo de Lassay-les-Châteaux leche y queso. El profesor del coro del instituto identifica en Paula un talento para el canto y le anima a participar en una prueba de acceso a una renombrada escuela en París. Para ella es el comienzo de un sueño, pero se ve frenada por su familia que no recibe esta noticia con buenos ojos; y es que claro, Paula es la que habla con los proveedores de la granja, la que habla con los clientes en el mercado y la que traduce las recomendaciones del médico, viendo esto entendemos en parte el rechazo del señor y la señora Bélier.

La famille Bélier es un film que nos habla mucho de la persecución de los sueños, la lucha, el no tirar la toalla, el seguir adelante con nuestros propósitos cueste lo que cueste. Este proceso lo narra muy bien Lartigau, porque en ese camino encontramos momentos de flaqueza, instantes en los que queremos abandonar, esto se muestra en esta cinta. En este proceso nos encontramos personajes arquetípicos, a parte de la susodicha, tenemos por una parte los que cortan las alas (los padres de ella) y por otra los que nos abren los ojos para poder ver ese sueño con más claridad (sobretodo el señor Thomasson y en segundo lugar Mathilde). En pocas palabras: la dificultad que puede sentir una persona al querer salir de un sistema en el que es una pieza muy importante.

Se hablan de otros temas en este film, sólo me limitaré a nombrarlos ya que han sido usados infinidad de veces en la historia del cine: el primer amor, el instituto con su típico baile de fin de curso (esta vez mostrado con la actuación final del coro), la familia, la amistad, la relación profesor-alumno, etcétera, etcétera, etcétera.

Quiero hablar un poco del carácter surrealista de este film. Ya de por sí, la familia Bélier en sí es surrealista, un hogar de cuatros donde tres son sordomudos y la que queda posee la capacidad que no tiene el resto pero multiplicada por tres, ya es delirante. El rechazo que le produce el alcalde del pueblo a Rodolphe Bélier (brillantemente interpretado por François Damiens) lleva a este a presentarse a la alcaldía, y lo más gracioso es que, en el cartel de la campaña electoral el eslogan es “Os escucho” (Je vous entend), el candidato es sordomudo. Otra escena surrealista es cuando el señor y la señora Bélier están en la consulta del médico: Gigi tiene su parte íntima infectada y el culpable es el señor Bélier que no usa la crema que le mandó el doctor para echarse en su miembro, el médico les dice que no pueden hacer el amor durante tres semanas (lo que dura el tratamiento para la infección de la señora Bélier), entonces surge un sentimiento de rechazo por parte de la pareja hacia la recomendación del doctor, todo esto con Paula en medio haciendo de intérprete… Una comedia interesante.

Subtextos. Seguro que se me escapa alguno. ¿Alguien notó la imagen de fuerza que se le da al concepto de “pueblo francés”? Pueblos con Lassay-les-Châteaux, fuertes y autosuficientes, con industria y política propia, con un buen sistema educacional y buena vida social. También se habla de la minusvalía, se les muestra iguales o aún más capaces que personas no minusválidas para conseguir todos sus retos, nadie les puede frenar. Otro subtexto, no sé si lo es plenamente o es un tema en toda regla, y es: el hecho de transmitir algo a los que no pueden sentirlo, y esto Lartigau lo muestra de forma maestra en dos escenas clave, a vosotros de identificarlas.

Y ya para cerrar, menciono al gran Michel Sardou donde el film le rinde un gran y precioso homenaje, y para ello la figura del profesor Thomasson es clave. Sencillamente me encanta la conjunción que existe entre el film y el cantante francés. Me dejo muchísimas cosas en el tintero ya que la cinta me da para escribir diez páginas más, pero con el propósito de no aburrir al lector cierro ya este texto con unas palabras del crítico de cine Javier Ocaña que escribió sobre esta misma película: “Una apuesta casi suicida que Lartigau soluciona con sencillez, simpatía, naturalidad, emoción, humor y humanismo, ayudado por unos magníficos intérpretes que hacen suyos unos personajes adorables, en sus virtudes y sus defectos.” Totalmente de acuerdo señor Ocaña.

Argo fuck yourself! Argo (2012) de Ben Affleck.

 

Es muy fácil encontrar en la historia del cine a actores con talento, existe un sinfín de películas con un equipo artístico sin igual. Muchas veces esos actores se arriesgan a dar el gran paso y atravesar esa barrera invisible para situarse detrás de la cámara, en la mayoría de los casos, suele ser una decisión acertada. Puedo citar a muchos actores-directores con ingenio, por ejemplo: Orson Welles, Charles Chaplin, George Clooney o Ben Affleck; y en este último nos vamos a centrar, analizando su tercer largometraje Argo (2012).

Argo me gusta. Por su humor (espléndido tándem entre los personajes de Alan Arkin y John Goodman), por sus respetadas y claras referencias históricas (¿imparciales?), por su suspense (en escenas claramente identificables el film me agarró por el cuello y me postró ante su argumento), por su aparente objetividad (por una vez los Estados Unidos de América no eran los únicos buenos), por su subtexto familiar, por ser una historia basada en hechos reales, por su increíble diseño de producción, en pocas palabras, por Ben Affleck. Lo único que me chirría es que, hay una escena en la cinta donde aparece un elemento patriótico proestadounidense que me deja mal sabor de boca, creyendo (o obligándome a creer) que es algo impuesto por parte de producción, haré caso omiso a esto.

¿De qué va Argo? Pues bueno, tenemos un popurrí de cosas dispares que casan muy bien. Por un lado, tenemos la historia principal: la revolución iraní de 1979 asalta la embajada estadounidense en Teherán y mantiene como rehenes a los que estaban en su interior, salvo seis americanos que logran escaparse y refugiarse en el domicilio del embajador canadiense. Pero Affleck introduce otros universos ajenos a este, pero que curiosamente ese contraste pasa desapercibido; tenemos por un lado el Sol y el cine de las costas californianas, con una sutil pero cruda crítica a la industria hollywoodiense, camuflada bajo el humor de Arkins y Goodman. Tenemos también el universo familiar del protagonista Tony Mendez, que en verdad poco aporta a la historia, pero nos ayuda a entender mejor el personaje que encarna Ben Affleck. Y por último como no podría ser evitable, se muestra la imagen de occidente contra oriente, donde (obviamente, quien sino), occidente sale vencedor.

Quiero resaltar algo de esta cinta, y es su valor documental; bien es verdad que la historia no es al 100 % objetiva, pero intenta serlo. El film comienza con una narradora contándonos las últimas décadas de la historia política de Irán con ilustraciones explicativas de fondo, esto nos introduce de lleno en el argumento del film. A lo largo de la película vemos fotogramas, personajes y situaciones que volvemos a ver en forma de imágenes reales de archivo en los créditos. Y es aquí cuando nos damos cuenta de el gran trabajo del departamento de arte y de la fidelidad que tiene Argo con la historia real.

Investigando un poco sobre Argo encontré críticas hacia Affleck que iban en los dos sentidos, en general, la mayoría le elogiaba como director pero como actor todo lo contrario, no entiendo esto. Se decía que el personaje de Affleck era seco, apático e inexpresivo, pero yo creo que esto le va como un guante; y cuando ves el universo familiar del personaje (que muchos decían que sobraba) entiendes aún más este carácter. Affleck interpreta a la perfección a ese hombre cansado, triste, derrotado familiarmente, pero a la vez fuerte y tenaz, capaz de arriesgar su vida a cambio de salvar otras; insisto, no entiendo esas críticas injustamente planteadas. Sin salir de la paleta actoral, vuelvo a mencionar a Alan Arkins y John Goodman con su gran frase “Argo fuck yourself!”, que se llevan el premio a los mejores actores del film, su tándem es sencillamente… maravilloso.

Para ir cerrando, quiero hablarles del suspense Hitchcockiano presente en la última secuencia; en esta, todas las herramientas del cine trabajan mano a mano para crear escenas inolvidables, sobre todo el montaje y la cámara (Rodrigo Prieto, no podría ser otro, el maestro de la cámara inquieta). Esta técnicas te catapultan a la acción, estás con los personajes, vives su miedo, lo sientes, te late el corazón, sufres, estás incómodo pero a la vez a gusto por toda la adrenalina que fluye en tus venas, lo disfrutas… ¡qué bonito es el cine! Gracias a pequeñas cosas como esto, el cine es de las artes más bellas que ha creado el ser humano (siempre usado para bien, claro está), algo que entra en tu interior y te sacude. Gracias Ben.

La noche americana. El cinéfilo perfecto, el director perfecto.

Crítica cinematográfica del film “La noche americana” (1973) de François Truffaut.

Para muchos el cine es algo como inalcanzable, algo místico que sólo los grandes saben hacer; cuando vemos un film que nos gusta nos parece traído de otro planeta, y en cierta manera estamos en lo cierto. El icono de la Nouvelle Vague y uno de los directores franceses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX, François Truffaut, nos muestra las tripas del proceso creativo de un film; nos desvela que una película está creada por personas, humanos en todo el sentido de la palabra, gente que siente y padece, gente que a veces es triste y a veces feliz, a ratos afortunada y a ratos desafortunada; a los más soñadores nos hace aterrizar en la Tierra y ver el cine tal y como es. “La nuit américaine” (1973) de Truffaut no es más que una manifestación del amor que siente su director por el cine, una muestra más de que el parisino es el cinéfilo perfecto, el que se crió viendo cine y el que maduró y envejeció haciendo cine. Se declara el amor de este cineasta por esta manifestación artística y nos la hace sentir, viendo “La noche americana” amamos el cine casi de la misma manera que Truffaut lo ama.

La nuit américaine. François Truffaut.
Todo el equipo de Os presento a Pamela trabajando para una escena con muchos figurantes

En tono de comedia vemos en este film la historia del rodaje de la película ficticia “Je vous présente Pamela” (Os presento a Pamela), dirigida por el aclamado director Ferrand (interpretado por el propio Truffaut) famoso por su paciencia y su sordera; todo el equipo se encuentra en el célebre estudio de La Victorine (grandes cineastas realizaron parte de su obra en este sitio : Sacha Guitry, Jean Cocteau, George Cukor, Claude Chabrol, y por supuesto Truffaut entre otros), situado en la ciudad costera de Niza al sur de Francia. Durante el rodaje las relaciones amorosas y de odio que ocurren en el guión se mezclan con las que se dan entre los miembros del equipo técnico y artístico. Los baches no paran de llegar durante la producción: el actor Alexandre (Jean-Pierre Aumont) fallece casi al final del rodaje; el intérprete Alphonse (Jean-Pierre Léaud) decide abandonar al equipo porque se novia Liliane (Dani) le abandonó por el especialista; el rodaje tiene que acabarse en menos tiempo de lo previsto; parón eléctrico durante el revelado de la película con una escena en la que participaron muchos figurantes, por lo tanto hay que repetirla; etc. Pero aún así gracias al saber hacer de Ferrand, su paciencia y su capacidad de improvisación, el acorazado “Je vous présente Pamela” llega a buen puerto. En varios momentos del film oímos la voz de Truffaut a modo de narrador, contándonos lo que es ser director de cine, esta voz over nos recuerda más bien al comentario del director puesto como pista de audio en un DVD.

La nuit américaine. François Truffaut.
Y para finalizar bien, de izquierda a derecha: Joelle (ayudante de dirección), Ferrand (director), Walter (director de fotografía) y el operador de cámara.

En esta película Truffaut ahonda en el espíritu de casi todas las personas que trabajan en una producción cinematográfica, desde la maquilladora hasta la script, pasando por los actores, el productor y el director. Y sobre éste último es en el que Truffaut hace una gran labor divulgativa; sirviéndose de una mirada introspectiva para desvelar el verdadero espíritu de un director, teniendo de modelo a Ferrand, que podríamos definirle como el director perfecto, y seguramente el tipo de cineasta que Truffaut quisiera ser. Éste es alguien que escucha a todos: actores principales, atrezzistas, regidores, prensa, etc; en el film François define a un director como alguien al que no se le para de hacer preguntas, y que muchas veces conoce la respuesta y otras, profanando esa visión que tiene el público de un Director-Dios, desconoce la réplica. Ferrand buen director, pero un director como miedos (como cualquier otra persona), que sabe esconderlos para no desatar el caos dentro del equipo, pero que cada noche cuando duerme sueña con esas preguntas que todo el mundo le hace y con la dificultades que se presentan en el rodaje; hasta tiene un sueño recurrente de un niño en imágenes en blanco y negro, recordándonos un poco a “Los cuatrocientos golpes” (1959), de esto hablaremos más tarde. Con este cineasta diegético, tenemos plasmado en imágenes la figura del director perfecto según Truffaut, seguramente como querría verse a sí mismo. Ferrand se haya acompañado de su ayudante de dirección y mano derecha, Joelle, que gracias a su talento el rodaje se ha visto salvado en más de una ocasión. La que fue una diva en antaño y una de la actrices principales de “Je vous présente Pamela”, Severine (Valentina Cortese), presenta una adicción grave al alcohol que interfiere gravemente en su labor interpretativa y estado emocional; haciéndonos así un guiño a todas esas personas a las cuales el éxito les jugó una mala pasada.

A nivel técnico este film presenta una dificultad muy evidente: a la hora de realizarlo, se ha llevado a cabo dos rodajes, uno en la ficción y otro real. Esto implica una labor de dirección que no está al alcance de todos y también exige tener las ideas muy claras y saber lo que se quiere en cada momento; ya que coordinar un equipo tan grande, a nivel artístico (podemos considerar este film una película coral) y técnico, requiere mucho talento y una buena organización para evitar los mismos baches que vemos en la trama de “La nuit américaine”. Siguiendo en la línea técnica, vemos a nivel de montaje unos cortes que son usuales en el cine pero que se reiteran con frecuencia, como los fundidos a negro o los encadenados; también se ven otros procedimientos como las sobreimpresiones, que se dan cuando se muestra a Ferrand durmiendo.

La nuit américaine. François Truffaut.
Un fotograma de la escena del sueño de Ferrand, donde el niño roba fotocromos de Ciudadano Kane

Hay una cosa que me marcó mucho de esta obra, y son las referencias, el film está plagado de ellas, las vemos en todas partes. Vemos guiños dirigidos a Lubitsch, Buñuel, Ingmar Bergman, Godard, Hitchcock, Roberto Rossellini, Howard Hawks, Bresson, “El Padrino” de Francis Ford Coppola (casi recién estrenado por aquel entonces), Jean Vigo, Jean Cocteau, etc; esto es una manifestación muy evidente del amor puro que siente François Truffaut por el cine, un reflejo de esa infancia y adolescencia pasada en las salas de proyección. Existe hasta una autoreferencia, pero lo curioso es que es predicadora, en algún momento del film Ferrand dice : “Un día haré una película y la llamaré Las ensaladas del amor”; en 1978 sale la quinta y última entrega de la saga de Antoine Doinel: “L’amour en fuite” (“El amor en fuga”), donde el protagonista escribe un libro que se titula “Les salades de l’amour” (Las ensaladas del amor). Otra autoreferencia sería la del personaje Alphonse (interpretado por Jean-Pierre Léaud), cuyo nombre es el mismo que el del hijo del personaje Antoine Doinel (protagonista de cinco películas de François Truffaut). Y para cerrar el apartado de las referencias, aquí tenemos otro film donde se vuelve a hacer alusión a la infancia del director parisino, los sueños que atormentan a Ferrand (que antes hemos mencionado) nos muestran a un niño que se acerca en mitad de la noche a una sala de cine que está cerrada, éste con un bastón consigue acercar a través de las rejas una especia de soporte con ruedas lleno de fotocromos de la película “Ciudadano Kane”(1941) de Orson Welles, una figura claramente admirada por Truffaut; ésta es la forma que tiene él de compartir ese amor por el séptimo arte con nosotros los espectadores.

La nuit américaine. François Truffaut.

La nuit américaine. François Truffaut.

 

 

 

En estas dos imágenes vemos los dos falseamientos: el del balcón y el de la vela (ésta alumbra el rostro de Julie)

En “La nuit americaine” se muestra como se falsean muchos elementos durante el rodaje, pero que en las imágenes fílmicas aparece como real; esto se suma a lo que se dijo en el primer párrafo respecto a la desmitificación del cine. Algunas de las cosas que se ven son: una vela con un bombilla incrustada que ilumina al personaje de Julie Baker cuando la sujeta, pero que en cámara no se ve; hay una escena en la que Alphonse va caminando de frente mientras se hace un travelling, la cámara es arrastrada hacia atrás mientras éste camina hacia ella levantando los pies de tal forma
que evita tropezarse con las traviesas del raíl; también se nos muestra una falsa lluvia, que no es más que un tubo de metal con orificios que se coloca en la parte superior de los decorados y va
saliendo agua por los agujeros; al principio del tercer tercio del film se ve un falso balcón puesto en altura en el que sólo se ve la estructura de este, no existe una habitación detrás. De hecho, hasta el propio título del film alude a una técnica que falsea la realidad, el procedimiento de “la noche
americana” no es más que un filtro que se coloca en la parte delantera de la cámara y se subexpone la imagen (generalmente cerrando el diafragma), para simular la noche en un rodaje a plena luz del día. Todo esto que acabo de contar pone acento a esa verdad que muchos cineastas y cinéfilos nos cuesta admitir, el cine es una gran mentira, todo lo que vemos en las películas no es más que una recreación de la vida real y por lo tanto, es una mentira; hasta la imagen que vemos es falacia, ante nuestros ojos vemos movimiento, pero lo que en realidad contemplamos son imágenes estáticas puestas unas tras otras, y sucedidas a gran velocidad.

Casi al final del film, la voz en over de Truffaut nos deslumbra diciendo: “Desde que empecé a hacer cine, siempre temí a la muerte de un actor, al mismo tiempo que Alexandre, toda una época del cine desaparece, abandonaremos los estudios para rodar en las calles, sin estrellas y sin guión, no haremos más películas como “Os presento a Pamela” “. Esto es una alusión muy clara a la Nouvelle Vague (nueva ola) y una crítica al cine francés que se hacía antes de este, el cinéma de la qualité (el cine de la calidad). Tras esta declaración, Truffaut retrocede unos 15 años, cuando él y sus compañeros Godard y Chabrol entre otros, decidieron hacer un cine diferente, más personal, más humano, y más cercano a los espectadores.

A modo de conclusión, cito una vez más otro comentario que nos deja Truffaut en su voz en over, que parece más la voz de un Director-Dios (el cineasta que François le gustaría ser) que la de un narrador corriente : “El rodaje de un film se asemeja exactamente al trayecto de una diligencia en una película del lejano oeste, primero esperamos hacer un buen viaje, y después rápidamente nos preguntamos si llegaremos a nuestro destino”. Y esta es otra pincelada más de lo que es realmente ser un director de cine; viendo “La noche americana” conocemos el séptimo arte desde una perspectiva desmitificada, conocemos el cine tal y como es, algo mágico.

Lo inquebrantable. La infancia en Leon: El profesional

Leon El Profesional. Luc Besson.

 

Luc Besson nos plantea en su film Leon : El profesional la infancia tal y como es, en su plena inocencia e ingenuidad, pero también nos muestra ese pequeño lado adulto presente en el corazón de cualquier niño. En todo caso, esta película constituye una visión diferente sobre la niñez, que varía mucho en comparación con el resto de la filmografía que trata sobre el tema. El cineasta francés aborda este asunto de una forma muy sutil, haciendo que constituya una subtrama tan fuerte como lo es la trama principal.

 
Tras presenciar la muerte de todos sus familiares, Mathilda se esconde en casa de su vecino Leon, un asesino a sueldo profesional con un carácter muy particular. En algún momento del film, la protagonista decide dar el gran golpe y se presenta en el Edificio Federal de la Policía de Nueva York armada hasta los dientes con la firme intención de matar a Norman Stansfield y todo su escuadrón (los asesinos de su familia), obviamente le sale mal la jugada, pero esta es la forma en la que Besson nos muestra esta inocencia inherente al niño. Otro aspecto de esta inocencia es la sinceridad plena, decir las cosas sin tapujos, y esto se ve cuando Mathilda muestra sus sentimientos hacia Leon, sin tener en cuenta la diferencia de edad ni cualquier otro obstáculo; y aquí tenemos otro rasgo de la infancia derivado de esta sinceridad, el afecto es puro y no atiende a barreras inventadas por los “adultos”, las emociones y sentimientos son como son, sin nada de maquillaje. Tirando de este hilo encontramos en Leon : El profesional el deseo de venganza, tan puro como la inocencia de un niño, que alcanza su cenit con el intento de asalto al Edificio Federal antes mencionado. Y para el lado adulto que mencioné en el primer párrafo tenemos de ejemplo el amor que siente la protagonista hacia Leon, ese tipo de amor que sienten los adultos, ese deseo casi sexual, pero todo ello dotado de aquella pureza propia de un niño.

Con este film aprendemos que a pesar de todo un niño nunca deja de ser un niño, y su corazón siempre tiene lugar para una segunda oportunidad, siempre tendrá la capacidad de ver el lado bueno de la cosas. Y Luc Besson nos muestra esto a través de la encantadora Mathilda: una niña que fuma, que ve cómo asesinan a su familia, que maneja armas, que vive con un sicario, etc; y a pesar de todo esto cabe una segunda oportunidad en su aún corta vida. De esta forma Besson nos brinda la mejor acepción sobre qué es la infancia.

« In the mood for love » (2000) de Wong Kar-Wai

Cartel In the mood for love

¿Cuántas películas de amor habremos visto a lo largo de la historia del cine ? Seguramente más de la mitad de los filmes realizado son de este género. ¿Cuántas veces nos hemos visto aburridos por estas acaramelizadas historias? Sin lugar a dudas, habríamos necesitamos más de mil manos para contarlas. Pero a veces (por suerte), existen excepciones, nos encontramos con joyas cinematográficas que rompen con esta linealidad, son historias de amor, pero totalmente diferentes a las que estamos acostumbrados a ver. Es el caso de «In the mood for love » (título en castellano : « Deseando amar ») (2000) del director hongkonés Wong Kar-Wai.

El film nos cuenta la historia del Sr. Chow y la Sra. Chan, interpretados por los mágicos Tony Leung y Maggie Cheung, respectivamente ; ambos se mudan al mismo bloque, casualmente el mismo día y sólo separa a sus apartamentos un pared. Algo más que una amistad empieza a cuajar entre ellos tras los encuentros fortuitos cuando salen a comprar fideos, algo más que una amistad empieza a tejerse cuando se confiesan el uno al otro que sus parejas, ausentes durante todo el film, les están siendo infieles. En ningún momento de la película vemos al Sr. Chan o la Sra. Chow aunque se hable bastante de ellos, una sutileza admirable fruto de una gran cineasta. A lo largo de « In the mood for love » vemos un deseo (de allí su nombre en castellano) por el amante por parte de ambos protagonistas, aunque este deseo se ve cohibido por la sociedad y las normas sociales, esto se ve reflejada en el personaje de la dueña del piso, que es la que se los alquila a ambos; este deseo culmina en la habitación 2046 de un hotel, a puerta cerrada claro está, ya que en ningún momento vemos algún tipo de adulterio, la sutileza del Sr. Kar-Wai.

Otros dos aspectos importantes dentro de la trama del film, aunque realmente formarían parte de la subtrama, son el secreto y el tiempo. Antes de hablar de esto conviene decir que el film es un largo poema que dura 95 minutos, cada minuto es un verso plagado de metáforas y demás recursos literarios , de esto el espectador se da cuenta en los primeros minutos de la obra. El tiempo es un elemento muy recurrente, lo vemos simbolizado en el reloj de la oficina donde trabaja la Sra. Chan, los planos ralentizados, el cigarrillo del Sr. Chow ; el tiempo se nos muestra como el toro que persigue el momento presente, ambos protagonistas luchan contra él, esto se ve claramente cuando el Sr. Chow dice «No puedo perder más tiempo pensando si me he equivocado, la vida es demasiado corta”. La forma en que se nos presenta el secreto es digna de un gran cineasta : ambos protagonistas se refugian de la sociedad y de las normas sociales en la habitación 2046, ambos mantienen su relación sin que sus verdaderas parejas lo sepan ; pero el secreto alcanza su zenith como si una escultura de canones perfectos se tratara cuando el Sr. Chow, en mitad de un templo en Camboya, cuenta todos sus secretos a un agujero que se encuentra en una pared, y después lo tapa.

In the mood for love II

Viendo este film uno se da cuenta de que no es como los que estamos acostumbrados a ver habitualmente, no es una super producción de Hollywood, ni mucho menos. « In the mood for love » es una película hongkonesa, de un director muy particular, un poeta de la imagen ; salta a la vista que la estética del film es muy particular. La fotografía, el gran y admirable trabajo de Christopher Doyle y Mark Li Ping-Bing se resume en unos colores llamativos y un tanto contrastados, unos colores que resaltan la belleza de la historia y la elegancia de los personajes protagonistas. Mención especial al montaje, que se nos presenta con cambios de tempo y de ritmo constantes, también tenemos algunos planos ralentizados ; vemos aquí un montaje atípico que asombra al espectador que no está acostumbrado al cine asiático.

Con « In the mood for love » nos damos cuenta de que Hollywood no es el centro neurágilco del cine, sino que existe más allá de las fronteras de los Estados Unidos de América un cine con aspiraciones diferentes, un cine que hace pensar, un cine que hace sentir, un cine de verdad.