Etiqueta: poesía

El taxista

.

Deseo sentir tu aroma en medio de la ciudad,
que las esponjosas luces de la media noche
sean los testigos del ahora, testigos del momento.

Momento en el que tus ojos se humidifican,
tus labios se abrillantan,
y tu piel se suaviza.

El taxista. Saâd Jebbour.

Desearía ser la mano,
la mano que viaja por la autopista de tu cuerpo.
Anhelo descubrir aquel mundo sin necesidad de mapas,
sin horizonte a la vista y con el norte bien perdido.

Quiero ser el afortunado,
el afortunado que comparte tus días,
el que te despierta por las mañanas,
el que te mira despeinada.

Vamos nena,
olvida lo que queda atrás.
Convierte este momento en un santuario.
Caminemos al borde de la acera,
escuchemos el ruido de los autos,
pisemos los charcos que nos deja la gentil lluvia.

Cógeme de la mano,
mírame,
bésame.

Saâd Jebbour

.

Red Sadiqui, part I

.

“En esta soleada tarde
decidí sacudir mi pelo,
fundirme en el sueño,
y alejarme de la espiral.

Degusté a todos los inquilinos
que habitan en mi caja de pastillas.
La del martes y el lunes no me convenció,
me quedo con la del miércoles.

Una orgía cromática
fue el motivo de estas dos últimas décadas.
Lentamente se va cerrando el abanico,
y se van abriendo las flores ocultas.

Buceo a través de las farolas urbanas
con una venda cubriéndome el rostro
intentando alcanzar al huidizo guante.
Una prenda que no se ajusta a mi virgen cuerpo.

Todos los quiosqueros me conocen,
saben reconocer a un buen cliente.
El que busca desesperadamente su cajetilla de tabaco,
la que le permitirá calmar sus ansias.

También me reconocen las del supermercado.
Todas las noches antes de cerrar,
mi botella de vino tinto barato recorre la alfombra negra
pasando por los suaves y dulces manos de la cajera.

En la húmeda y fría calle me encuentro con alguien.
Buenas noches señorita, le digo.
Hay una maravillosa luna protagonizando esta estrellada noche.
¿me acompaña usted en este silencioso baile?”

.

Red Sadiqui. Saâd Jebbour.

.

Saâd Jebbour

Shine on your crazy diamonds

No recuerdo cómo empezó ese día, pero sí como terminó. Recuerdo haber madrugado para ir a clase, y claro después de comer estaba que me caía. Intenté echarme la siesta, estaba en un estado entre la vigilia y el sueño a la vez que haciendo un repaso a todos los sucesos que me bañaron en estas últimas semanas. Me puse los cascos (los que me prestó mi amigo Posadilla) y le di al modo aleatorio del iPod mientras escribía. Lo que compartiré ahora con vosotros está escrito en mi inseparable cuaderno “Fiorentino II”, todavía se puede apreciar en sus hojas el rastro de mis lágrimas de emoción al escribir, mientras de fondo se escuchaba “Shine on your crazy diamonds” de la mítica banda Pink Floyd.

 

“Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.

Mamá, siento que he cambiado, ya no veo las cosas con los ojitos con los que me traíste al mundo. Siento que aprendo, me estoy haciendo un hombre, sé que me estoy haciendo un hombre. El hombre que siempre quise ser.

Mamá, te echo de menos. He tenido que dejar nuestra casa; me duele, sí, pero tenía que hacerlo. Sé que lloraste en mi ausencia (mas no has sido la única), lo sé; por eso te pido perdón, pero tenía que hacerlo.

Mamá, te echo de menos, echo de menos cuando me regañas, cuando me arropas, cuando me apagas la luz antes de dormir, cuando me cocinas rica comida o cuando vienes a buscarme al aeropuerto.

Mamá, mírame ahora, ya soy un hombre. ¿Estás orgullosa de mí? Sé que lo estás.

Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.

Hijo mío, te observo desde la lejanía, te veo feliz, sé que eres feliz. Sé que no paras de trabajar, sé que lo estás dando todo, sé que te esfuerzas al máximo. Sé que te cuesta aprovechar cualquier momento en su plenitud, pero sé que te esfuerzas por conseguirlo, con esto es suficiente.

Hijo mío, sigue soñando, sigue creciendo. Cuida tus amistades, hazte amigo de tus enemigos y se prudente.

Ahora, vete hijo mío, crece y se feliz. Piensas que has vivido lo suficiente, pero te queda un largo camino por recorrer, disfruta del camino. Es más importante el camino que la meta.

Adiós hijo mío.

Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.”

 

(Madrid, 15/05/2012)

Shine on your crazy diamonds. Saâd Jebbour.

Renaissance

Fueron unos días difíciles, días en los que un opaco velo cubría mis ojos, impidiéndome ver el mundo que giraba a mi alrededor. Las oportunidades desfilaban alegremente ante mí, mientras yo tenía dirigida la mirada hacía un invisible y lejano horizonte.

Y entonces llegó el verano y su Sol reparador, llegaron días tranquilos, días de reflexión, días de risas y recuperación del tiempo perdido tontamente. Y entonces me volví a encontrar conmigo mismo, descubrí la amistad en casi todo su esplendor, a la vez que la fotografía y la importancia de los pequeños momentos. Sin darme cuenta, poco a poco se desahacía el nudo que sujetaba aquel oscuro y opaco velo; y es aquí donde nació “Renaissance”, más que un poema es el testimonio de una recuperación, testimonio de una vuelta de hoja, testimonio de una sonrisa.

 

Renaissance

Première Partie

Ahora es el doble de feliz
que hace veinte años.
Hace veinte años
pensaba que era feliz.

Y tú,
¿de dónde eres?
El cielo es mi techo
y el suelo mi lecho,

mas no hay ningún lugar
que me llene,
sólo necesito este pequeño puñado de tierra
para ser feliz.

Deuxième Partie

Dime amigo mío,
dime si ya llegó el momento
de mi segundo nacimiento,
tú que coleccionas momentos de calidad.

Veinte años
viviendo bajo una mentira,
veinte años
creyendo que formo parte de este mundo,
cuando es ahora
que abro los ojos
y respiro de este aire
por primera vez.

Llegan los aires del silencio
que levantan todo el polvo
de la dejadez y el olvido.

Ven amigo mío,
cógeme de la mano
y comparte conmigo este momento.

Olvidarte fue mi error,
recuperarte será la solución.

Déjame quitarte la venda que cubre tus ojos
y entonces mira a tu alrededor,
¿puedes ver todo lo que despreciabas?

¿Cómo pudo pasar todo aquello desapercibido?
Cómo…

He vuelto a nacer,
sigo conservando el mismo nombre.

Saâd Jebbour