Fotografías inolvidables. Babel de Alejandro González Iñarritu.

Babel, niños marroquíes. Saâd Jebbour

Antes de que Alejandro González Iñárritu presentara Babel (2006) a las salas del mundo, ya gozaba de una notable fama (sobretodo con grandes películas como lo son Amores Perros y 21 gramos), pero con este film ya se proclamó como un sólido director dotado de un lenguaje y universo propio que lo hacen uno de los iconos del cine del siglo XXI, título que supo defender en sus siguientes largometrajes. Las tres obras antes mencionadas se suelen conocer bajo la Trilogía de la muerte o Trilogía del dolor, y tienen en común el hecho de que cuentan historias cruzadas, donde la vida de sus distintos personajes coinciden en un accidente.

Esta trilogía presenta films muy diferentes y a la vez muy parecidos. Los temas tratados son oscuros, fugitivos, con mucha sangre, dolor y muerte por medio; vidas que se ven arruinadas en un instante, la soledad del ser humano ante el tremendo hecho de vivir. Todo esto forma parte de la paleta de Iñárritu, aunque a veces peca de monotemático. Otro punto en común es el lenguaje, tres o cuatro historias diferentes, con personajes diferentes, pero que a raíz de un hecho accidental y sangriento sus vidas se ven involucradas y comienza la carrera contra el miedo y las fauces de la sociedad. Las tres realizadas con el mismo y eficaz equipo (muy inteligente en ese sentido Iñárritu): con el talentoso Guillermo Arriaga a la pluma, la música (siempre el punto fuerte de los films del autor mexicano, siempre acompañando y dotando de consistencia a la narrativa) de Gustavo Santaolalla, y el gran Rodrigo Prieto en la cinematografía (personalmente, me pega más el estilo Prieto que el Lubezki en el cine de Iñárritu);  y todo esto le da el sello tan particular que posee esta trilogía.

Ahora nos centramos más en Babel, ¿por qué Babel? ¿por qué este título? ¿de que nos habla realmente la película? A juzgar por el título y por la materia de la película, el tema es la comunicación, o mejor dicho la incomprensión. Viendo el nombre del film y que tiene tramas que se desarrollan en Marruecos, México, Estados Unidos y Japón, me creo que se llame Babel, pero tras visionar el largometraje no me quedo convencido, me chirría, no entiendo el por qué del título; es cierto que hay escenas en las que los personajes no se llegan a entender debido a falta de idioma en común, pero si existe la comunicación aunque sea en su forma más básica. También puede ser que la intención de Iñárritu no era la de mostrar esta incomunicación, sino el simple hecho de un mosaico de culturas e idiomas diferentes, puede ser, pero en mi opinión el film se merece otro título.

 Una de las cosas que más me fascina de este film es su narrativa, la gran destreza de Iñárritu a la hora de manejar y hacer a su favor la temporalidad y la espacialidad fragmentada; como une y aleja los relatos a la vez, ahora está demostrado de que si pero a ojos de un espectador que viese esta película en las salas por primera vez, sería fácil que se preguntase ¿pero este hombre sabría contar una historia sencilla en orden cronológico? Es bonita la conjunción entre países tan diferentes los unos de los otros como lo son Marruecos, México y Japón, es un mezcla perfecta de elementos dispares que no chirrían en absoluto entre sí. El relato fluye como arena bajando por una duna gracias a la sutileza y maestría de los montadores y la música de Santaolalla. La historia avanza, retrocede, cambia de continente, pero la narrativa queda intacta, el mensaje llega y el espectador no se distrae; este manejo de los elementos del lenguaje cinematográfico ¿no es digno de una gran cineasta?

Chieko, Babel. Saâd Jebbour

Dejé un camino abierto atrás que me gustaría concluir y hacerlo bien. Después de ver Babel me estuve preguntando, ¿de qué va realmente la película? ¿de qué nos habla Iñárritu? ¿cuál es la tesis? Mi conclusión es que, en un mundo globalizado e hipercomunicado (y cada vez más gracias a las aplicaciones de mensajería instantánea, redes sociales, etc.) el ser humano no es capaz de entenderse del todo; esto lo vemos claramente cuando por ejemplo Richard (Brad Pitt) para a un conductor en mitad de la carretera para pedirle auxilio y este no le entiende, entre otros casos. En pocas palabras: la incomunicación en el mundo de la hipercomunicación.

Ahora centrémonos en aspectos más estéticos y directamente narrativos. Comienzo con la fotografía, soy un firme defensor de que el cine de Iñárritu es más cine cuando su cinematógrafo es Rodrigo Prieto, no es que Lubezki sea mal director de fotografía ni mucho menos (por algo se marcó un triplete con tres Oscars seguidos); sino que con Lubezki la imagen y la luz es sencillamente perfecta, parece más un espectáculo que un relato fílmico, sin embargo con Prieto la imagen se tiñe de un aspecto sucio, real, poético y totalmente acorde con la historia que se está narrando. El estilo documental y guerrillero de Prieto acompaña de manera maestra a las turbias y aceleradas historias de Iñárritu. No me imagino largometrajes como Amores Perros o Biutiful (una gran obra del cineasta mexicano, poco valorada, para mi una de sus mejores) con la perfección del estilo Lubezki. Vuelvo a insistir, nadie niega la grandeza del chivo, pero para este tipo de films la batuta la lleva Prieto.

Pitt & Blanchett, Babel. Saâd Jebbour

¿Y el montaje? ¿qué sería este film sin el montaje? Escenas y planos que se suceden con una precisión milimétrica, como si fuese un reloj suizo, haciendo que las agujas sigan su trayectoria formando parte del mismo sistema; y esto es Babel, tres historias que funcionan de forma paralela, sin que ninguna dañe a la otra y las tres formando parte de la misma película. Hay una pregunta que me repetí más de una vez y es: ¿qué hubiese sucedido si cada historia hubiese sido una película diferente contada de forma lineal? ¿funcionaría? Yo creo que sí, cada una de las tres posee un planteamiento, un nudo y un desenlace; es más, hasta el propio Iñárritu admitió que la producción fue como rodar tres películas diferentes. Hubiese funcionado, pero serían tres películas del montón (les salvaría el hecho del buen reparto artístico que poseen); pero juntas y montadas de la forma en la que están hechas cobran una magnitud titánica que las hace una de las grandes películas de comienzo de siglo. Mención especial a la música del argentino Gustavo Santaolalla, que acompaña a la historia con el ritmo que es debido, es una música atemporal y aespacial que encaja a la perfección con las diferentes culturas presentes en el film; cuando suena da igual que estemos en Marruecos o en México, parece un sonido de cualquier lugar del mundo, de cualquier dimensión temporal. Y no sobresale sólo en Babel, sino también en Biutiful o Amores perros por ejemplo.

Un aspecto que llama la atención es que vemos estrellas de la talla de Cate Blanchett, Brad Pitt o Gael García Bernal “maltratados” por unos personajes desafortunados (pero interpretados con grandeza), y otros actores menos conocidos como Rinko Kikuchi o Driss Roukhe (aunque este en Marruecos ya gozaba de una notable fama) sobresalen con maestría en sus papeles. Y ya para concluir, deciros que el film está plagado de momentos que parecen instantáneas fotográficas por su dureza y lo impactantes que son, se nos quedan grabadas en la memoria para siempre. Jamás olvidaremos el momento en que Amelia (Adriana Barraza) camina desesperadamente por el desierto con los dos niños, o cuando Chieko está sóla ante el silencio y las luces de la discoteca o cuando la familia marroquí veo como su hermano e hijo muere abatido bajo los tiros de la policía en mitad del polvo y el calor del árido desierto. Sin duda Iñárritu es el director de moda hoy en día, pero no fue un título caído del cielo, película tras película nos demuestra que posee un talento innato para grabar en los cerebros de todos los amantes del cine del mundo imágenes como si fueran fotografías, poesía, música para la eternidad. Y, ¿qué es el arte sino la capacidad de hacer perdurar la belleza hasta el fin de los tiempos?

 

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