La noche americana. El cinéfilo perfecto, el director perfecto.

Crítica cinematográfica del film “La noche americana” (1973) de François Truffaut.

Para muchos el cine es algo como inalcanzable, algo místico que sólo los grandes saben hacer; cuando vemos un film que nos gusta nos parece traído de otro planeta, y en cierta manera estamos en lo cierto. El icono de la Nouvelle Vague y uno de los directores franceses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX, François Truffaut, nos muestra las tripas del proceso creativo de un film; nos desvela que una película está creada por personas, humanos en todo el sentido de la palabra, gente que siente y padece, gente que a veces es triste y a veces feliz, a ratos afortunada y a ratos desafortunada; a los más soñadores nos hace aterrizar en la Tierra y ver el cine tal y como es. “La nuit américaine” (1973) de Truffaut no es más que una manifestación del amor que siente su director por el cine, una muestra más de que el parisino es el cinéfilo perfecto, el que se crió viendo cine y el que maduró y envejeció haciendo cine. Se declara el amor de este cineasta por esta manifestación artística y nos la hace sentir, viendo “La noche americana” amamos el cine casi de la misma manera que Truffaut lo ama.

La nuit américaine. François Truffaut.
Todo el equipo de Os presento a Pamela trabajando para una escena con muchos figurantes

En tono de comedia vemos en este film la historia del rodaje de la película ficticia “Je vous présente Pamela” (Os presento a Pamela), dirigida por el aclamado director Ferrand (interpretado por el propio Truffaut) famoso por su paciencia y su sordera; todo el equipo se encuentra en el célebre estudio de La Victorine (grandes cineastas realizaron parte de su obra en este sitio : Sacha Guitry, Jean Cocteau, George Cukor, Claude Chabrol, y por supuesto Truffaut entre otros), situado en la ciudad costera de Niza al sur de Francia. Durante el rodaje las relaciones amorosas y de odio que ocurren en el guión se mezclan con las que se dan entre los miembros del equipo técnico y artístico. Los baches no paran de llegar durante la producción: el actor Alexandre (Jean-Pierre Aumont) fallece casi al final del rodaje; el intérprete Alphonse (Jean-Pierre Léaud) decide abandonar al equipo porque se novia Liliane (Dani) le abandonó por el especialista; el rodaje tiene que acabarse en menos tiempo de lo previsto; parón eléctrico durante el revelado de la película con una escena en la que participaron muchos figurantes, por lo tanto hay que repetirla; etc. Pero aún así gracias al saber hacer de Ferrand, su paciencia y su capacidad de improvisación, el acorazado “Je vous présente Pamela” llega a buen puerto. En varios momentos del film oímos la voz de Truffaut a modo de narrador, contándonos lo que es ser director de cine, esta voz over nos recuerda más bien al comentario del director puesto como pista de audio en un DVD.

La nuit américaine. François Truffaut.
Y para finalizar bien, de izquierda a derecha: Joelle (ayudante de dirección), Ferrand (director), Walter (director de fotografía) y el operador de cámara.

En esta película Truffaut ahonda en el espíritu de casi todas las personas que trabajan en una producción cinematográfica, desde la maquilladora hasta la script, pasando por los actores, el productor y el director. Y sobre éste último es en el que Truffaut hace una gran labor divulgativa; sirviéndose de una mirada introspectiva para desvelar el verdadero espíritu de un director, teniendo de modelo a Ferrand, que podríamos definirle como el director perfecto, y seguramente el tipo de cineasta que Truffaut quisiera ser. Éste es alguien que escucha a todos: actores principales, atrezzistas, regidores, prensa, etc; en el film François define a un director como alguien al que no se le para de hacer preguntas, y que muchas veces conoce la respuesta y otras, profanando esa visión que tiene el público de un Director-Dios, desconoce la réplica. Ferrand buen director, pero un director como miedos (como cualquier otra persona), que sabe esconderlos para no desatar el caos dentro del equipo, pero que cada noche cuando duerme sueña con esas preguntas que todo el mundo le hace y con la dificultades que se presentan en el rodaje; hasta tiene un sueño recurrente de un niño en imágenes en blanco y negro, recordándonos un poco a “Los cuatrocientos golpes” (1959), de esto hablaremos más tarde. Con este cineasta diegético, tenemos plasmado en imágenes la figura del director perfecto según Truffaut, seguramente como querría verse a sí mismo. Ferrand se haya acompañado de su ayudante de dirección y mano derecha, Joelle, que gracias a su talento el rodaje se ha visto salvado en más de una ocasión. La que fue una diva en antaño y una de la actrices principales de “Je vous présente Pamela”, Severine (Valentina Cortese), presenta una adicción grave al alcohol que interfiere gravemente en su labor interpretativa y estado emocional; haciéndonos así un guiño a todas esas personas a las cuales el éxito les jugó una mala pasada.

A nivel técnico este film presenta una dificultad muy evidente: a la hora de realizarlo, se ha llevado a cabo dos rodajes, uno en la ficción y otro real. Esto implica una labor de dirección que no está al alcance de todos y también exige tener las ideas muy claras y saber lo que se quiere en cada momento; ya que coordinar un equipo tan grande, a nivel artístico (podemos considerar este film una película coral) y técnico, requiere mucho talento y una buena organización para evitar los mismos baches que vemos en la trama de “La nuit américaine”. Siguiendo en la línea técnica, vemos a nivel de montaje unos cortes que son usuales en el cine pero que se reiteran con frecuencia, como los fundidos a negro o los encadenados; también se ven otros procedimientos como las sobreimpresiones, que se dan cuando se muestra a Ferrand durmiendo.

La nuit américaine. François Truffaut.
Un fotograma de la escena del sueño de Ferrand, donde el niño roba fotocromos de Ciudadano Kane

Hay una cosa que me marcó mucho de esta obra, y son las referencias, el film está plagado de ellas, las vemos en todas partes. Vemos guiños dirigidos a Lubitsch, Buñuel, Ingmar Bergman, Godard, Hitchcock, Roberto Rossellini, Howard Hawks, Bresson, “El Padrino” de Francis Ford Coppola (casi recién estrenado por aquel entonces), Jean Vigo, Jean Cocteau, etc; esto es una manifestación muy evidente del amor puro que siente François Truffaut por el cine, un reflejo de esa infancia y adolescencia pasada en las salas de proyección. Existe hasta una autoreferencia, pero lo curioso es que es predicadora, en algún momento del film Ferrand dice : “Un día haré una película y la llamaré Las ensaladas del amor”; en 1978 sale la quinta y última entrega de la saga de Antoine Doinel: “L’amour en fuite” (“El amor en fuga”), donde el protagonista escribe un libro que se titula “Les salades de l’amour” (Las ensaladas del amor). Otra autoreferencia sería la del personaje Alphonse (interpretado por Jean-Pierre Léaud), cuyo nombre es el mismo que el del hijo del personaje Antoine Doinel (protagonista de cinco películas de François Truffaut). Y para cerrar el apartado de las referencias, aquí tenemos otro film donde se vuelve a hacer alusión a la infancia del director parisino, los sueños que atormentan a Ferrand (que antes hemos mencionado) nos muestran a un niño que se acerca en mitad de la noche a una sala de cine que está cerrada, éste con un bastón consigue acercar a través de las rejas una especia de soporte con ruedas lleno de fotocromos de la película “Ciudadano Kane”(1941) de Orson Welles, una figura claramente admirada por Truffaut; ésta es la forma que tiene él de compartir ese amor por el séptimo arte con nosotros los espectadores.

La nuit américaine. François Truffaut.

La nuit américaine. François Truffaut.

 

 

 

En estas dos imágenes vemos los dos falseamientos: el del balcón y el de la vela (ésta alumbra el rostro de Julie)

En “La nuit americaine” se muestra como se falsean muchos elementos durante el rodaje, pero que en las imágenes fílmicas aparece como real; esto se suma a lo que se dijo en el primer párrafo respecto a la desmitificación del cine. Algunas de las cosas que se ven son: una vela con un bombilla incrustada que ilumina al personaje de Julie Baker cuando la sujeta, pero que en cámara no se ve; hay una escena en la que Alphonse va caminando de frente mientras se hace un travelling, la cámara es arrastrada hacia atrás mientras éste camina hacia ella levantando los pies de tal forma
que evita tropezarse con las traviesas del raíl; también se nos muestra una falsa lluvia, que no es más que un tubo de metal con orificios que se coloca en la parte superior de los decorados y va
saliendo agua por los agujeros; al principio del tercer tercio del film se ve un falso balcón puesto en altura en el que sólo se ve la estructura de este, no existe una habitación detrás. De hecho, hasta el propio título del film alude a una técnica que falsea la realidad, el procedimiento de “la noche
americana” no es más que un filtro que se coloca en la parte delantera de la cámara y se subexpone la imagen (generalmente cerrando el diafragma), para simular la noche en un rodaje a plena luz del día. Todo esto que acabo de contar pone acento a esa verdad que muchos cineastas y cinéfilos nos cuesta admitir, el cine es una gran mentira, todo lo que vemos en las películas no es más que una recreación de la vida real y por lo tanto, es una mentira; hasta la imagen que vemos es falacia, ante nuestros ojos vemos movimiento, pero lo que en realidad contemplamos son imágenes estáticas puestas unas tras otras, y sucedidas a gran velocidad.

Casi al final del film, la voz en over de Truffaut nos deslumbra diciendo: “Desde que empecé a hacer cine, siempre temí a la muerte de un actor, al mismo tiempo que Alexandre, toda una época del cine desaparece, abandonaremos los estudios para rodar en las calles, sin estrellas y sin guión, no haremos más películas como “Os presento a Pamela” “. Esto es una alusión muy clara a la Nouvelle Vague (nueva ola) y una crítica al cine francés que se hacía antes de este, el cinéma de la qualité (el cine de la calidad). Tras esta declaración, Truffaut retrocede unos 15 años, cuando él y sus compañeros Godard y Chabrol entre otros, decidieron hacer un cine diferente, más personal, más humano, y más cercano a los espectadores.

A modo de conclusión, cito una vez más otro comentario que nos deja Truffaut en su voz en over, que parece más la voz de un Director-Dios (el cineasta que François le gustaría ser) que la de un narrador corriente : “El rodaje de un film se asemeja exactamente al trayecto de una diligencia en una película del lejano oeste, primero esperamos hacer un buen viaje, y después rápidamente nos preguntamos si llegaremos a nuestro destino”. Y esta es otra pincelada más de lo que es realmente ser un director de cine; viendo “La noche americana” conocemos el séptimo arte desde una perspectiva desmitificada, conocemos el cine tal y como es, algo mágico.

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