Categoría: Literatura

¿Somos nosotros “Los subterráneos”?

Somos nosotros los subterráneos. Saâd Jebbour.
Foto realizada días antes de acabar el libro 🙂

Esto lo he escrito ayer por la tarde…

“Acabo de terminar de leer “Los Subterráneos” de Jack Kerouac. Siempre habrá discordancias entre hombres y mujeres, pero la gran realidad es que, la mujer necesita desesperadamente al hombre para vivir, y el hombre necesita desesperadamente a la mujer para vivir; ambos somos seres muy sensibles. Pero siempre habrá ese choque de intenciones, esas pequeñas discordancias (y me atrevería a decir hasta, “insignificantes discordancias”) que son capaces de derribar todo un edificio construido durante años.

¿La solución? Aprender a ceder, aprender a perdonar, pensar un poco más en el otro; por ambas partes claro está. Tampoco ceder tanto hasta el punto de autodestruirse, eso ya es otro problema innecesario, gratuito. Por lo tanto queridos amigos, deténganse un poquito, respiren y siéntense en un lugar tranquilo y piensen en esto que acabo de decirles… si tienen algún problema o preocupación, quizás estos consejos les regalarán varios años de felicidad en sus vidas.

Si ven que esto les sirve díganmelo, me harían muy feliz, aunque… ya lo estoy 🙂

Gracias por este magnífico libro, por todo el apoyo, por todos los consejos, por todas las horas pasadas delante de la pantalla… la lista es larga. Gracias 🙂 “

Cantando cerca del Stonehenge, cercados por tanques

Debajo de las piedras visibles, se extiende bajo tierra (ocultos a cualquier mirada inhumana) un entramado de hilos conectados de una manera quasiperfecta. Ni el mejor licenciado podría descifrar lo que esconde esa red, ni el más sabio, ni el más galardonado, ni tampoco el que más tiene. Sólo aquél que se vea con la capacidad de iniciar la aventura del aprendizaje puede acercarse a entender ese mundo, sólo aquél que es sensible y consciente de lo que pasa a su alrededor.

Bajo una sonrisa aparentemente normal se esconde todo un río de agua turbia que impide ver el fondo. ¿Quién posee los ojos que pueden ver a través de esas aguas opacas?

Bajo una aparente normalidad se esconde todo un mundo.

!Break the wall! (please, do it easy)

Nice (France), 18 Mars 2013

Hola, buena noche.

Llevo mucho tiempo sin escribir, mucho mucho tiempo, quizás demasiado; pero no, nunca olvidaré las palabras que me dijo una vez mi querido parce, “el dejar de escribir forma parte del buen escribir”.  Y esto es aplicable a todo, el dejar de fotografiar forma parte del buen fotografiar, el dejar de comer forma parte del buen comer. Pero aquí estoy ahora, con unas ganas inmensas de hacerlo, aunque sin nada especial que decir. A mi derecha, una copa de vino rosado (bien fresquita claro está), a mi derecha un purito de la marca Panter (como los que fumaba mi padre), y un poco más a mi derecha mi chica, acompañada de nuestro amigo Roberto el Gato.

Se suele hablar de la calma antes de la tormenta, en este caso es lo contrario. Pasó el diluvio, pasó y dejó huella, cuántos malos tragos tuve que soportar, cuántos… Una vez un amigo llamado Juan me explicó el principio de la vida con tan sólo dos velcros, uno de color negro y otro de color blanco, !nada más! El color blanco simbolizaría lo bueno, el negro lo malo, uno no puede darse sin el otro, una especie de ying yang, uno no puede vivir sin el otro, y viceversa. En su momento (y lo sigo haciendo), aguanté y luché inconscientemente por salir, por seguir sonriendo, por aprender y por vivir.

¿Qué es la vida sino un juego? ¿Has salido alguna vez a la calle y te has preguntado cosas como, a dónde irá cada uno, qué es lo que mueve a toda esta gente? Es algo que me pregunto todos los días, la gente camina muy segura, como si supiera con toda la certidud del mundo a dónde ir. Me fascina y a la vez me agobia ver y apreciar todas las posibilidades que nos ofrece la vida, todos los caminos que hemos podido coger, todos los caminos que hemos dejado de lado para centrarnos (o no) en el que estamos ahora. Una vez un hombre llamado Steve Jobs dijo “La gente piensa que concentrarse en algún proyecto significa llevar a cabo una idea que tienes en mente. Pero no significa eso en absoluto. Significa decir no a las otras cien otras ideas buenas que hay.” !Cuánta razón tiene usted señor Jobs!

Break the wall. Saâd Jebbour.

Hacia mi derecha, más o menos un metro veinte (calculado a ojo), se encuentra una mesita de noche con dos pisos. En el primero, una pipa muy larga y fina (preciosa coño, preciosa. Perdón), una copa de vino abandonada por mi individua, un despertador, mi amigo Fletcher, Margarita la flor, y el tabaco que me regaló el Julián (Don Julián, como los puritos). Una planta más abajo, un pequeño transistor que me acompañó en infinitas noches e infinitos desayunos, ofreciéndome buen Jazz para mis oidos, ofreciéndome momentos de bohemia y quizás momentos de inconsciente ensoñación.

No, no puedo echarle la culpa a nadie. Yo solito he construido este muro, este muro creado en un principio para proteger mi castillo de enemigos, pero ahora, lo único que hace es encarcelarme. El deseo de querer hacerlo todo muy bien, todo perfecto, es lo que jode la marrana. Es necesario acabar con ese muro para poder respirar y seguir viviendo.

!BREAK THE WALL!

(revisado y ampliado hoy, 20 de abril. Día de mucho viento, mi día de descanso, día de disfrute)

Saâd Jebbour

Buenos días

Despierta.

Sacude los sueños de tu pelo,

mi niña bonita,

mi amor.

Escoge el día, y escoge la ilusión de tu día. La divinidad del día.

La primera cosa que ves.

Sacude los sueños de tu pelo.
El peine desprendía sueños
 
James Douglas Morrison, más bien conocido como Jim Morrison.
 

Me despierto y me digo a mi mismo que hoy será un día tranquilo (deuxième renaissance)

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Termina la larga noche pensativa.

El humo sale de mi pipa dibujando extrañas formas en el vacío de la habitación, mientras el jazz y los transeúntes de la calle observan perplejos el pequeño mundo que he creado entre estas cuatro paredes. Me despierto inconscientemente en este sábado y sacudo los sueños de mi pelo. Anoche olvidé la luz encendida (le luci di natale), fruto de un descuido debido quizás a alguna que otra copa de vino.

Me despierto y me digo a mi mismo que hoy será un día tranquilo, un día bonito.

¿Crees . . . . . . . . en el futuro?

Creo en la gente, en la olvidada bondad de las personas. Sí, todavía creo, todavía confío. Ella le llama a esto “Hope”. Hope no es una canción compuesta por tres chicos británicos. Es la fé perdida en la hospitalidad del ser humano.

Ella diría:

“Días donde el tiempo vuela…

donde no cabe pensar,

dónde sólo cabe hacer”.

Y yo le respondo, nena…

¡esta es la oda al humano!

(eeeeet oui!)

Saâd Jebbour

(imágenes realizadas en Madrid durante la primavera y las primeras semanas del verano del año 2012, días donde el Sol no sólo brillaba en el cielo, sino también en mi corazón)

El taxista

.

Deseo sentir tu aroma en medio de la ciudad,
que las esponjosas luces de la media noche
sean los testigos del ahora, testigos del momento.

Momento en el que tus ojos se humidifican,
tus labios se abrillantan,
y tu piel se suaviza.

El taxista. Saâd Jebbour.

Desearía ser la mano,
la mano que viaja por la autopista de tu cuerpo.
Anhelo descubrir aquel mundo sin necesidad de mapas,
sin horizonte a la vista y con el norte bien perdido.

Quiero ser el afortunado,
el afortunado que comparte tus días,
el que te despierta por las mañanas,
el que te mira despeinada.

Vamos nena,
olvida lo que queda atrás.
Convierte este momento en un santuario.
Caminemos al borde de la acera,
escuchemos el ruido de los autos,
pisemos los charcos que nos deja la gentil lluvia.

Cógeme de la mano,
mírame,
bésame.

Saâd Jebbour

.

Shine on your crazy diamonds

No recuerdo cómo empezó ese día, pero sí como terminó. Recuerdo haber madrugado para ir a clase, y claro después de comer estaba que me caía. Intenté echarme la siesta, estaba en un estado entre la vigilia y el sueño a la vez que haciendo un repaso a todos los sucesos que me bañaron en estas últimas semanas. Me puse los cascos (los que me prestó mi amigo Posadilla) y le di al modo aleatorio del iPod mientras escribía. Lo que compartiré ahora con vosotros está escrito en mi inseparable cuaderno “Fiorentino II”, todavía se puede apreciar en sus hojas el rastro de mis lágrimas de emoción al escribir, mientras de fondo se escuchaba “Shine on your crazy diamonds” de la mítica banda Pink Floyd.

 

“Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.

Mamá, siento que he cambiado, ya no veo las cosas con los ojitos con los que me traíste al mundo. Siento que aprendo, me estoy haciendo un hombre, sé que me estoy haciendo un hombre. El hombre que siempre quise ser.

Mamá, te echo de menos. He tenido que dejar nuestra casa; me duele, sí, pero tenía que hacerlo. Sé que lloraste en mi ausencia (mas no has sido la única), lo sé; por eso te pido perdón, pero tenía que hacerlo.

Mamá, te echo de menos, echo de menos cuando me regañas, cuando me arropas, cuando me apagas la luz antes de dormir, cuando me cocinas rica comida o cuando vienes a buscarme al aeropuerto.

Mamá, mírame ahora, ya soy un hombre. ¿Estás orgullosa de mí? Sé que lo estás.

Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.

Hijo mío, te observo desde la lejanía, te veo feliz, sé que eres feliz. Sé que no paras de trabajar, sé que lo estás dando todo, sé que te esfuerzas al máximo. Sé que te cuesta aprovechar cualquier momento en su plenitud, pero sé que te esfuerzas por conseguirlo, con esto es suficiente.

Hijo mío, sigue soñando, sigue creciendo. Cuida tus amistades, hazte amigo de tus enemigos y se prudente.

Ahora, vete hijo mío, crece y se feliz. Piensas que has vivido lo suficiente, pero te queda un largo camino por recorrer, disfruta del camino. Es más importante el camino que la meta.

Adiós hijo mío.

Bendita sea la hoja de coca que me acompaña siempre. Amén.”

 

(Madrid, 15/05/2012)

Shine on your crazy diamonds. Saâd Jebbour.

Renaissance

Fueron unos días difíciles, días en los que un opaco velo cubría mis ojos, impidiéndome ver el mundo que giraba a mi alrededor. Las oportunidades desfilaban alegremente ante mí, mientras yo tenía dirigida la mirada hacía un invisible y lejano horizonte.

Y entonces llegó el verano y su Sol reparador, llegaron días tranquilos, días de reflexión, días de risas y recuperación del tiempo perdido tontamente. Y entonces me volví a encontrar conmigo mismo, descubrí la amistad en casi todo su esplendor, a la vez que la fotografía y la importancia de los pequeños momentos. Sin darme cuenta, poco a poco se desahacía el nudo que sujetaba aquel oscuro y opaco velo; y es aquí donde nació “Renaissance”, más que un poema es el testimonio de una recuperación, testimonio de una vuelta de hoja, testimonio de una sonrisa.

 

Renaissance

Première Partie

Ahora es el doble de feliz
que hace veinte años.
Hace veinte años
pensaba que era feliz.

Y tú,
¿de dónde eres?
El cielo es mi techo
y el suelo mi lecho,

mas no hay ningún lugar
que me llene,
sólo necesito este pequeño puñado de tierra
para ser feliz.

Deuxième Partie

Dime amigo mío,
dime si ya llegó el momento
de mi segundo nacimiento,
tú que coleccionas momentos de calidad.

Veinte años
viviendo bajo una mentira,
veinte años
creyendo que formo parte de este mundo,
cuando es ahora
que abro los ojos
y respiro de este aire
por primera vez.

Llegan los aires del silencio
que levantan todo el polvo
de la dejadez y el olvido.

Ven amigo mío,
cógeme de la mano
y comparte conmigo este momento.

Olvidarte fue mi error,
recuperarte será la solución.

Déjame quitarte la venda que cubre tus ojos
y entonces mira a tu alrededor,
¿puedes ver todo lo que despreciabas?

¿Cómo pudo pasar todo aquello desapercibido?
Cómo…

He vuelto a nacer,
sigo conservando el mismo nombre.

Saâd Jebbour