La casa del virrey, más allá de la historia

Crítica cinematográfica del film “El último virrey de la India” (2017) de Gurinder Chadha. Publicada primero en El Cine en la Sombra.

Foto de familia. El último virrey de la India.

Tenemos ante nosotros uno de esos films que no podemos borrar de nuestra mente, una de esas historias épicas contadas con maestría al estilo del cine clásico de la segunda mitad del siglo XX. Llega “El último virrey de la India” (Viceroy’s house) a nuestras salas de la mano de la británica de origen indio Gurinder Chadha, un drama con tinte histórico que deja un poco de espacio a la comedia y al buen humor. Un film con ambientación exótica, donde su contexto se desarrolla en los últimos días del imperio Británico en la India aunque la tesis del relato camina por otra parte.

En “El último virrey de la India” existe una visión particular sobre los sucesos que acompañaron la independencia de la India y la creación del estado de Pakistán en 1947. Esta cinta comienza con la cita: “La historia la escriben los vencedores”, y esto nos ayuda a entender cuál es el camino escogido por Chadha. Pero sería muy “simple” (concepto muy diferente de “sencillo”) y muy visto realizar una película que trate sobre la independencia de la India y los últimos días del imperio Británico en el Indostán. “El último virrey de la India” introduce una visión particular sobre el tema, y el punto de vista es más social que político; y no sólo es esto, sino que la directora se vale de las ventajas del lenguaje cinematográfico para sacarle más jugo a este relato, con varias tramas e historias que se desarrollan a la vez, punto fuerte de esta obra; al igual que guiños que nos recuerdan a fugaces romances silenciados por la historia. Vamos por partes.

Para cualquier persona que desconoce el contexto y las circunstancias que acompañaron la creación del estado de la India (digo “estado” porque como nación existe bien antes de la llegada de los británicos) y Pakistán, este film resulta una buena ocasión para estar al día. Pero dejando esto de lado, podemos apreciar el denominador común presente en casi todas las grandes decisiones políticas, que son los intereses económicos; las personas, sus sueños y sus lazos familiares y sentimentales quedan sepultados bajo el poder del dinero. Pero Chadha no quiere contarnos esto, porque esto es algo que todos conocemos; los que más sufren cuando importantes decisiones se toman arriba son los que están abajo, y la “Partición de la India” (o “Partición de la gente” como bien diría Gurinder) fue una decisión política que afectó a más de 15 millones de personas, fomentando el odio entre culturas hermanas y creando una de las crisis de refugiados más grande de la historia de la humanidad.

Crísis de refugiados. El último virrey de la India.

Y es aquí donde Chadha pone el foco, en el sufrimiento de la gente; lo muestra a nivel general, en el caos que se forma y los desplazamientos y separaciones que se dan lugar. Pero donde mejor lo vemos es en el amor imposible entre Jeet, un joven hindú, y Aalia una musulmana que se ve obligada a irse a Pakistán y casarse con un musulmán que ya no ama. Y este difícil romance es la carta que usa la directora para hacernos empatizar y entender el dolor que causó tal separación, que el “divide y vencerás” no siempre es la mejor solución.

A pesar de los hechos, esta no es una película que pretende desacreditar al imperio Británico – aunque sí muestra su nefasta administración en sus últimos días en la India, y se menciona que los tres siglos pasados en este país han hecho más daño que otra cosa – ni elogiar en exceso al pueblo indio (no, para esto existen otras películas), si no las consecuencias que sufren y gozan las personas cuando se toman grandes decisiones en un despacho, da igual del bando que sean.

Jeet y Aalia. El último virrey de la India.

En el plano técnico tenemos un film que no destaca en ningún aspecto en concreto. Una fotografía colorida con sabor hindú que se distingue por el uso inteligente del fotoquímico; “El último virrey de la India” ha sido rodada en película analógica (algo que cada vez vemos menos), en 35mm y a color en casi todo el relato, salvo “imágenes de archivo” que no son de archivo porque se rodaron específicamente para este film, en blanco y negro y a 16mm para dar ese look de noticiero informativo de la época. Un montaje normal y corriente, y una correcta banda sonora con sonidos nativos. A grosso modo, podemos afirmar que la parte técnica tiene un aspecto muy “académico”, sin grandes pretensiones narrativas especiales.

En definitiva, tenemos la suerte de detentar en nuestras salas un film hecho a la manera de las grandes epopeyas del cine de los 80, una perla que vemos muy de vez en cuando. Una cinta basada en hechos reales (con muchos aspectos dramatizados, por supuesto), una lección de historia y una llamada a la reflexión. “El último virrey de la India” es una apuesta acertada si uno desea ir al cine y sentirse involucrado en un gran momento de nuestra historia contemporánea, pintada con vivos colores que nos evocan a una India exótica pero a la vez cercana.

Deja un comentario